cuando cuentas algo a alguien...

WHEN WE’RE 64 (13/10/2001)

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Acabo de abrir el buzón.

Anoche te vi por la ventana. Salías en coche con un grupo de gente, arreglada, supongo que a pasar la noche en uno de esos locales que tanto te gustan, donde puedes parecer la más linda, aunque bueno, para eso no necesitas demasiado. Yo en cambio pienso en otras cosas. Llevo un mes dándole vueltas a todo lo que hemos hablado desde que tú tenías nueve años y yo siete, cuando nos conocimos en la verja que separa tu casa de la mía. Sobre todo, en lo que hablamos este verano, ¿Lo recuerdas? Esa tarde en la que fumábamos a escondidas. Esa tarde prometimos tú y yo envejecer juntas. Comprar una casita en un barrio del sur cuando todos los que conociéramos hubiesen marchado, en fin, ya sabes de lo que hablo, y tomar té hablando de los nietos de las vecinas que ya tienen todos novias y visten con ropas que nosotras jamás jamás hubiésemos utilizado (sic). Seríamos viejas entrañables de esas que nos encantan, de esas que no cuentan historias a cualquiera, solo a quienes tienes los oídos bien abiertos y saben beber un trago como un hombre fuerte. Fumaríamos galoisses, -solo para hacernos las interesantes- y vestiríamos de flores y con pamelas, como si no nos importara.

Te dije ese día, cualquier día que fue ese: “La única forma en la que concibo ser vieja es a tu lado” y tú me diste un abrazo.
No sé, cuando me pongo triste pienso mucho en ti, sobre todo cuando pienso que nunca he vuelto a tener una amistad como la tuya por mucho que me pese no solo decirlo, sino saberlo cierto. No, no quiero estar arrugada y sola en un residencial de Costa del Silencio sin tener nadie con quien ir al karaoke a cantar mal “When I’m 64”.

Acabo de leer tu carta. No hay nada que podamos decirnos ahora. Curioso, nos caímos con las torres… Así que ahora, solo pienso que esa terraza futura estará llená de silencios y yo tomaré un té sin un toquito de coñac, ya no fumaré y pensaré con insistencia en lo que pudo haber sido.

1 Comment

  1. José Mario Domínguez Jorge

    October 29, 2014 at 11:37 pm

    Entrañable la carta, y sobre todo como una niña de siete años es capaz de opinar de algo que tardará en llegar cincuenta años. Que niña más madura y aventajada a su época. Con solo siete años haciendo un plan de jubilación a cincuenta y siete años vista. Tenías muchísimas ventajas sobre tus entonces amiguitas. Ellas estaban empezando a escribir su primera carta a Los Reyes Magos, y tú ni corta ni perezosa programando con el Banco de Santander los términos de tu jubilación. Que precocidad y largura de miras. Fíjate que no te conozco personalmente, y te imagino despierta y muy hambrienta…tan hambrienta que un día te comerás el mundo de las letras, y no dejarás ni una simple S, para pedir socorro. Un abrazo, y mi enhorabuena por el relato. ¿Hasta cuando voy a desearte enhorabuena?

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