verlaine

Vamos en el coche y me hablas de Verlaine. «En el fondo sí que eres una escritora maldita, en el sentido en que te abandonas completamente a la escritura hasta el fin de las consecuencias», me dices. Te miro de reojo, mientras suena una canción tan vieja ya… Tan vieja como mi adolescencia. ¿Tan joven? Te admiro, porque me miras a los ojos cuando vamos en la carretera y me dices cosas que tienen sentido. Luego bajas la mirada y lees tu ensayo de Cernuda, que te habla sobre la belleza, jamás encontré a alguien que la buscase más que tú y a quien le importase menos lo que pensasen de él. Pero espera, vuelve a mirarme, por favor, ahora que viene la curva quiero saber que tus ojos profundamente negros están ahí, aunque esté anocheciendo y ya no pueda girarme para comprobarlo: solo lo sabré porque te conozco. Admiro a tu girasol bajo la farola y tus miles de páginas de diario. Simplemente admiro a quien nadie mira, ellos quizás te admiren o les resulte indiferente. Yo sé que tú eres un corredor de fondo. Stand by me. Dice mi canción.