hamaca

Las hamacas deshilachadas
en el silencio
vieron crecer las circunstancias
de la partida.

Fue después de las ocho
y después de Truman Capote,
que fumaba en cada escondite
de los acantilados.

La piscina olvidada
―llena de ruidos secos―
me vio a sangre fría
con su furia camaleónica.

Me acerqué al borde,
―curado cada trópico―
y huí del silencio.

Dejé un cartel mordido,
los hilos de las nubes,
y las hojas de mi destierro
para cualquier otra existencia.