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LAS FRONTERAS

20150924 FRONTERA

Si contara mi vida
podría sustituir cada palabra
por un tenaz remordimiento,
como insecto escondido,
e intentar matar a cada uno
con saña.

Sería como un juego de mesa
contra el adulto implacable
que se sabe las reglas
y desconoce
lo que significa la suerte.

Contaría que no fue casual
que me comiesen tantas veces
las sombras,
ni que los muchachos me atasen
a las columnas de hielo,
que fui yo quien rompió
la cabeza de aquel mendigo,
que fui yo la que quiso saltar
por el balcón
para escuchar los gritos.

Que soy yo al fin
todas estas fronteras.

GANARSE LA VIDA CON LA POESÍA

shab rayalada

Estaba muy mal de dinero. Acababa de publicar mi primer libro de poesía y había obtenido cierto reconocimiento, pero lo que se dice pasta, ninguna. Uno de mis amigos de Facebook, un lector de mi anterior libro estaba como loco por comprar el nuevo, me decía constantemente que mi prosa tenía “un algo poético que le llegaba al alma”, pero también estaba en el paro y no tenía lo suficiente para lujos. Me pidió si tendría la amabilidad de leerle uno de los poemas por teléfono. No supe decir que no. Fue una conversación agradable, yo le recitaba alguno aleatorio y él me confiaba sus impresiones. Me sentí halagada y colgué con la satisfacción de haber hecho algo bueno por él pero también por mí. Me siguió ocurriendo con otros lectores. “¿Me leerías un poema al teléfono?” Cada vez eran más los poemas y menos las ventas del libro. El caso es que me confesaban que ya no era por no comprar el libro, sino porque les resultaba atractiva mi voz, “Soy adicto a escucharte”, llegó a decirme uno. Se sucedían las peticiones. Llegué a tener una lista de escuchadores con su horario fijo y casi no tenía tiempo de escribir.
Tomé una determinación. No es fácil confesar esto, pero tarde o temprano saldrá a la luz: “Morena. Metro sesenta y cinco. Voz sensual. Poesía telefónica. 1’50 euros/min”. Lleva un tiempo en la sección de contactos de los periódicos. De alguna forma tenía que ganarme la vida.

Instrucciones para respirar

giorgiobreat

A Seferis

Comienzo
Miro las escaleras
Diez peldaños más
En esta casa de la primera planta
Tomo nota de un verso de Seferis
Lo cuelgo en el buzón
Sigo subiendo y me rescata
Ese alumbramiento
Sin color, sin cuerpo

Combato a las aves
Caminan más deprisa que yo
Ellas no tienen asma
Solo aterrizan
En fragmentos de ceniza
Se arrinconan en la mesa
Y me ofrecen un gusano
De cuatro hojas en un campo

Quedan dos peldaños
Y no quiero respirar
Más que polvo de otoño
El umbral
Tres litros de aire
Y una bocanada
Donde mama el cielo

MI CUERPO DE SOMBRAS

BODUSHADOW
Soy, solo soy,
Hueco de sombra en mi vientre
Lleno de calor,
Y me porfían aún así,
aún de esa manera
las palabras
que libero de mi estómago.
Dicen
Que no tengo
dónde encontrar mi lápida:
Huesos amarrados con hilos de mi cerebro.
Los hombres me han dicho siempre:
“Tú no naciste para el sol,
agáchate, date la vuelta,
ponte gafas oscuras y mira hacia la arena”
Mis pechos tienen los arañazos
de las palabras,
son sombras también.
Nací en el imposible vuelo del lagarto negro
Nací en la sima de este granero de culebras
Nací en una batalla de espigas ensangrentadas
Y te ofrezco, sin más, mi cuerpo,
pero nunca mis palabras,
más sí mi cuerpo de sombras
es tuyo.

LA SED DE MI PADRE

bganges

Tengo la sed que me entregó mi padre
Deposito las manos sobre el mar y recojo
Gotas ardientes de sulfuro y sal negra
Sal negra, sulfuro, palabras colocadas a oscuras,
Fieras domesticadas, canciones árabes, vino blanco
Dos líneas consecutivas, un predecible golpe en la sien
Y ojos que reclaman mi voz seca.
Seca como el mar donde trato de conseguir agua.
El saber de las estrellas es que seguirán viéndose tras su muerte,
Eso las atormenta de por vida.
El curso de la perpetuidad.
Yo vivo como una estrella.
A cada paso que doy borro mi huella con saña.
A cada paso que retrocedo,
mancho mis manos de tierra.
El mundo es la sed que me entregó mi padre.
Dame de beber un ápice del Ganges.
Vomitaré en el vacío.
Y volveré dubitativa. Volveré anciana.
Estremeceré cada uno de los resortes del tiempo.
Merodearé el límite de lo predecible.
Moriré de la sed de mi padre.

PULGARES QUEMADOS

GOD

Trato de escapar hacia el gentío
Que corre hasta el mar
Tengo los pulgares quemados
Las huellas de la mano disimulan mi origen
No tengo identidad porque no creo en Dios
Dios es un camino con tres fauces
Corro hacia el gentío y no me miran
Están mirando a un cuerpo desmembrado
Querrán comérselo porque está aún tierno
Querrán comérselo porque el alimento de Dios
Es una galleta que no sabe a nada
Hasta ahora estaban delgados
Como la línea fronteriza de la vergüenza
Me entretengo en observar estas cosas
Porque el gentío corre hasta el mar
Porque el gentío tiene los ojos cerrados
Y son todos ahora un cuerpo mullido y presente
Gracias Dios por retratar así la melancolía
El asidero de los sentimientos humanos
La golosa comezón de la teofagia
Que nos atrapa uno por uno a todos los creyentes
Somos poco más que algas marinas
Supurando secretos que queremos irradiar
Como si fuésemos un candelabro
En una casa muy vieja que no se sostiene
Salvo por el brillo de nuestra mano
Ahora el gentío se disuelve
Y los huesos son transportados por las olas
Ya no queda nada salvo risas
Y las panzas llenas y delirantes
Llenas de otras panzas
Y mis pulgares sin Dios
Y mis identidades múltiples
Que yo soy el gentío
Que no menos que cualquiera
Que no más segura de mi origen
Ni de mi alimento
Que nadie que haya
Tocado el agua con las manos tersas.

CUERPO COLUMNA (A FRIDA)

FRIDA

A Frida

Cuerpo de cerradura
Cuerpo columna
Cuerpo de puerta hacia dentro
¿Saldrás al océano de la ventana?
Cuerpo sin otros cuerpos
Cuerpo sin piel de otros cuerpos
Cuerpo de abismo
No hay sal para ti, no hay mar
No hay llave para ti, no hay distancia
Para ti no llega el camino a tu pasillo
Para ti el mármol es tu cara y tus piernas
Para ti es mármol lo que para ellos son pasos
Para ti es ahora lo que para ellos es después
Cuerpo de cerradura, cuerpo cerrado
No sangras, no bebes, no comes
No ríes, no miras la luna, no haces el amor
No paseas ni ves el temblor de las aceras
Para ti cae la noche como el día
Como si el alba fuese perpetua colina
Detrás corren los cuerpos-águila y los cuerpos-perro
Y tú aquí, cuerpo columna, esquilmado, lastimado
Cuerpo sin guerra, cuerpo sin luz, sin salida
Cuerpo cerrado, cuerpo muerto, cuerpo insuficiente.
Aquí tu cerradura sin llave, aquí tu infierno de por vida.

EL CAIMÁN DE CENIZA

caiman

Renuncio comprender al caimán de ceniza
cuyo latido me reclamas,
apoyo la cabeza en el lodazal
y las gotas de lluvia me despedazan:
Ignoro si es de piedra y carne mi futuro.

Podría comprender hoy mismo el velo
contundente que recorren tus párpados
al andar por la boscosa noche.

Tiemblas y tiemblas porque sabes
que no quedan heridas que supuren
tus memorias y tus desmemorias
eficaces.

Y ahora el caimán continua su camino,
no ha osado rozarte ni el vello de la frente,
no ha tocado tu brazo ni tu alma
solo ha desmembrado al perro que te acompaña
y al ángel que te guía
y ahora regresas a casa solo,
a alumbrar la chimenea
y a destilar tu mordedura
la que no cura la piedad
la que solo atisba a conocer el desconcierto
la culpa final que te tocaba mantener
de por vida.

SEÑÁLAME

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Mi abuela
Entre agujeros
Entre amasijos de agujeros
Hace frío y me recita un verso
Frío, frío, y está muy lejos de quererme
Hace tiempo que no puedo enternecer a nadie
Hace mucho que la vida no es más que un soplido
Ven ratón a darme un lengüetazo lleno de suturas y candidez
Me señala el lugar donde se frota con saña mi memoria
Donde abuela se fue a la esquina del cielo a fregar
Platos tan rebosantes de grasa cósmica
Platos tan sucios y llenos de restos
Que he decidido contemplar
A los miserables ríos
Cadavéricos
Como yo

REGRESO A LA ESTACIÓN (PLAYA DEL CARMEN, MÉXICO)

playadelcarmen

Las estaciones
de cada pueblo
gritaban nombres
de los vecinos encerrados
entre los muros
de un oxidado aire
y el polvo del sur.

Las estaciones restaban
los gritos al placer
de sombras víctimas
de su propia violencia,
que se astillaban
hasta ser polvo nuevamente.

Pero el verano
se estancó al mediodía
en la estación de un tiempo
de luces sepia
hasta que solo gritos
hacían cimbrear
todas las esperanzas
y a todas las mujeres.

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