WINDMASKDesde la ventana puedes ver como todos los hombres tratan de esconderse. Entran en los portales, sumidos en la pobreza absoluta de no saber quienes son cuando la mañana alcanza sus manos, que quieren portar luz, pero en ellas está contenida el agua que apaga cada fuego. Se dan la vuelta para ver si los persiguen y aunque no queda ya nadie en las calles dudan, porque en cada adoquín queda la huella de un amigo que ya no lo es, pero que pasó por allí cuando no quedaba nada por hacer para arreglar los árboles a los que no llegan las últimas gotas que salpican desde las acequias. Ya han muerto, pero pedazos de sus lápidas siguen estando en las ranuras entre esos adoquines, y duelen demasiado, así que de vez en cuando, alguno de esos hombres se gira para sostener su miseria y quizás llorar por lo que pudo haber sido: Una voz rota por la absenta mal digerida o una chaqueta con demasiados bolsillos de los que van cayendo monedas que no hacen ruido al chocar contra el suelo: Cualquier símbolo que tenga que ver con la destrucción del ser humano. Y los buscan, porque se arrepienten de su pasado, y temen volver a cometer los mismos errores que los han llevado a sumirse en esos portales llenos de humo, donde las chiquillas juegan a soñar que son hermosas aunque no lo sean. Qué más da, la vida les enseñará que también las mujeres y los hombres hermosos son como lagartos escondidos tras un cuadro de Goya lleno de monstruos. Se puede fusilar a los lagartos, será como lanzar granizo sobre una copa de cristal de bohemia llena de beaujolais en la mano de un vagabundo. Será como una partida de los dados en la Holanda de los tulipanes cuando ya eran vulgares flores extendidas por los campos de los analfabetos. Puedes cerrar la ventana, pero no las persianas. Dentro de tu casa hace calor, la mesa está vacía pero puesta, con sopa de jengibre y zanahoria. El aroma inunda el salón. Un hombre pide en una esquina, y como es viernes, un árabe le concede una limosna vanidosa. Y así, desde allí, puedes ver lo que conlleva la levedad del pétalo que se desprende de la flor no sembrada. Lo imprevisto. El ser que se esconde porque lo que existe es la forma de que el dolor sepa a otro tiempo y solo intuye que en su portal, le esperan cada una de sus máscaras de viento.