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GAVREL

JEREMY CHATELAIN

Sentada en el banco pasó un autobús y saludé con la mano a lo lejos a un chico que iba dentro. Paró en la siguiente estación, se bajó y se acercó a mí. No lo comprendía, me hablaba en yiddish. Tenía los ojos verdes, los labios gruesos, y era de mi altura. Un hombre hermoso. Lo cogí de la mano y le dije: «Sabina». «Gavrel» respondió.
Caminamos juntos un par de manzanas. Ese día hacía mucho calor aunque era invierno en Madrid y llevábamos la chaqueta en la mano. Mezclábamos nuestros idiomas con el inglés, pero a duras penas lográbamos entendernos.
Llegó el mediodía y seguíamos andando. Llegamos a un hotel. Me hizo señas para subir. Abrió la puerta. En una suite espaciosa había un salón donde cuatro chicos escuchaban rap en su idioma y bailaban con dos chicas con poca ropa. Gavrel los saludó e intentó llevarme a una de las habitaciones, pero nos detuvieron los demás.

-Hola guapa –dijo el más alto.
-Hola, ¿Hablas español? –pregunté.
-Sí, un poco.

Una cicatriz le cruzaba la cara.

-¿Quieres bailar, chica guapa?
-No.
-Yo soy dj, músico.
-¿Eres familia de Gavrel?
-Su primo. Hemos venido de Israel de vacaciones de Navidad. ¡Fiestaaa!
-Ya. Voy con Gavrel.

Entré en la habitación. Me miró, se acercó al ordenador y habló. El ordenador me respondió en un español mecánico y frío.

«Perdona mi primo. No es persona ejemplo. Yo rezo por él.»

Me pasó el ordenador y dije: «Hoy es sábado»

El ordenador tradujo a yiddish. Gavrel volvió a hablar.

«Los asuntos mundanos sólo son tonterías… Bórrelos de su corazón»

Me acerqué y besé a Gavrel. Besaba bien, como si no tuviese edad y todas las lágrimas del mundo hubiesen rodado por su cara. Pasó una eternidad muy corta en ese beso hasta que un golpe y un grito agudo nos separaron. Gavrel me cogió de la mano y salimos corriendo de la suite. Su primo y el amigo se peleaban y las chicas gritaban alrededor. Subimos en el ascensor hasta la piscina.
Al llegar, me encendí un cigarrillo y le ofrecí otro. «Sigarrillo», dijo.
Le quité la kippah y la dejé en el borde. Me quedé en ropa interior y los dos entramos en el agua climatizada del hotel de cinco estrellas. Le metí la mano en el pantalón.
«Dos lebn iz nisht mer vi a jolem, ober mer mich nit oif»*, dijo él, antes de posar la cabeza sobre mi hombro, tiritando. El hombre hermoso del sauce. Bajo las mil estrellas de la noche calurosa de invierno. Cuando terminé, nos acostamos en una sola hamaca. Empezó a hacer frío. Pasó el tiempo y yo solo miraba sus ojos cerrados y sus labios gruesos que ahora comprendía.
Y no quise despertarlo.

*La vida no es más que un sueño, pero no me despiertes.

PRELUDIO AL JUDÍO VIRGEN

JEWISH

Encuentras al judío virgen
que desde la acera vacía
en yiddish llora al árbol
sobre el que las estrellas caen
ya destempladas
y sostienen tu cabeza.

El judío es como tu gemelo
Solo que ha nacido antes que tú
Antes que tu madre
Y antes que tu parcela
Donde la vida
Es sembrada por el generoso
Que dice ser eterno pero se sabe
Tan mortal como el anciano
Que enferma el día de su cumpleaños
Al soplar la última vela.

Ahora el hombre judío
Vuelve a llorar

Reza porque hoy
Es el último día del calendario
Y la acera de este desierto
Se construyó sobre un río
Donde el agua fue
La alegría de aquellos mansos
Con manos demasiado pequeñas.

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