paula rego
Sus padres cumplían veinte años de casados. Elisa escuchaba desde su habitación las risas beat de la fiesta que celebraban todos aquellos nostálgicos en la planta de abajo de su casa, mientras ella pensaba en su mundo prefabricado, más parecido a la cárcel de La Naranja Mecánica, que a los sueños delirantes de Janis Joplin. Y entonces, recordó con cierta torpeza el Aullido que le leía su madre cuando era demasiado pequeña para entender qué era aquello. Eso, se lo había enseñado a los quince años un rumano, su primer amor veraniego, en la parte de atrás de un coche una noche de estrellas en una playa del sur: “En Rumanía el aullido es el sonido que hace el hijo cuando muere la madre, el grito del dolor”. ¿Qué sería para Ginsberg? ¿Y para los vendedores de sueños? “Desalmados vendedores que nos entregaron un cortapisas. No fabricasteis nada. Solo grietas en muros hacia un cielo que no es más que luces de neón.”, pensó, mientras fumaba su hierba aderezada con desencanto. Y la voz de Ginsberg aullando “Estoy contigo en Rockland, le dijo a Salomón, donde estás más loco que yo, donde debes sentirte muy extraño, donde imitas la sombra de mi madre” El tiempo que satura las mentes límpidas… con el aliento entumecido por 25.000 camaradas que ella deseaba que la esperasen, pensó que tal vez, podría ser… ¿Quién lo sabe? Y entonces, de nuevo, sintió el ocaso, como si ella fuera una de esas chicas dulces, como si ella también llorase, tal vez en Denver, tal vez al salir de Denver, tal vez en su malnacida ciudad de extrarradio. El tiempo ha saturado mi mente límpida. Dio otra calada, se dejó caer sobre la cama. Bajo el lodo de Bowery, se dejó llenar todos los orificios por el reino vegetal y toda su alma por las risas que se extendían, como una humareda por su habitación. Se rindió, dio un golpe seco de la navaja contra sus muñecas añorando un Denver que nunca conocería. La niña del lobo que no encontró a sus camaradas.
4 A.M. Feliz aniversario papá. Feliz aniversario mamá. Dice la nota en el colgador de alambre. La sangre en la habitación cubre el tiempo con su mácula desesperada. En el reverso escribe “Estoy sola en Rockland” antes de morir.