20150901 paris invernadero

Es ya un recuerdo a contraluz de un invernadero en medio de un parque donde van a acabar mis veinticinco años. Hoy has despertado y has dado de comer a un gato persa, una de esas mañanas de niebla brusca e insobornable, mientras tu madre fuma y come pasteles glaseados que vienen hechos con una receta de Argelia del norte y saben a nostalgia y a canela.

Te recuerdo anoche con interrupciones de cigarrillos importados que fumas entre risas, amplias, tímidas, como cada noche, ya pasados los trenes, los coches, las hermanas semi desnudas, las lágrimas, los cielos lluviosos, los andenes, las fondues, los paseos por colegios viejos, las plazas llenas de vendedores de pashminas y los desiertos urbanos en los que nos reunimos con otras caras ajenas para eclipsar a la Torre de Piel.

Te recuerdo no queriendo estar conmigo, estando conmigo solo por amor, hasta que pase esta tormenta y los rituales del verano sean, de nuevo, un montón de canciones olvidadas que sólo significaron una espera de tres días.

Pasarán varias vidas por nuestros cuerpos y aún así seguirá sonando esta memoria, esta vigencia vestida de presente, este sabor a realidad tan escaso para nosotros, los fantasmas.

Eres un recuerdo a contraluz, aunque estés dormido a mi lado, porque yo soy lo que soy porque me miraste, aquella madrugada de agosto, en la que el mundo me era, sin duda, indiferente.