playadelcarmen

Las estaciones
de cada pueblo
gritaban nombres
de los vecinos encerrados
entre los muros
de un oxidado aire
y el polvo del sur.

Las estaciones restaban
los gritos al placer
de sombras víctimas
de su propia violencia,
que se astillaban
hasta ser polvo nuevamente.

Pero el verano
se estancó al mediodía
en la estación de un tiempo
de luces sepia
hasta que solo gritos
hacían cimbrear
todas las esperanzas
y a todas las mujeres.