cuando cuentas algo a alguien...

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HORIZONTES DE CIANURO

20150816 horizonte

Llegan ya los bueyes lacerados
Las famélicas familias de langostas
Y los dientes rotos por la tormenta
A exigirte una deuda
Y una explicación.

Donde dicen que nacieron los Dioses
Solo ves un caldo espeso
Y lleno
De enemigos y cianuro.

Ayer soñé que todos
Somos un insecto
Que ha nacido para excusarse
De cada picadura
Y de cada enfermedad
Y que las máscaras que nos ponemos
Con la cara del huérfano y del Dios
Son poco más que una forma
De decir adiós al horizonte
Y volver a tierra para asumir
Que este día será también
Particularmente mortal
Para nuestras cortezas.

LA LLUVIA DEL TIEMPO

20150813 olas rompiendo

Hoy pasa el tiempo tan despacio que me parece que nunca cesará el mar.
Mientras me acompaño en la orilla están todos celebrándose a sí mismos. Bebiendo vino y hablando de su juventud, y yo miro el tiempo sumergirse en esta tumba acuática mientras me desvanezco. La gente se ha ocultado en sus casas y se asoma tímidamente a la ventana para cerciorarse de que no es el momento de vivir, de que siempre quedarán más días y más ahoras que disfrutar. Qué más les da a ellos (que tienen todo el tiempo del mundo) quedarse en sus casas a vivir sus ociosas realidades mientras yo, que tampoco soy yo, sino mi vil contrincante, me quedo pensando que en este espacio tan vivo como muerto llegará el momento en el que la nada engulla cada horizonte al que hoy le falta la luz.
Y entraré en mi tumba de sal, con un pie por fuera como cuando duermo en verano, y sentiré que las olas bailan, y que los ojos me miran desde las ventanas de los vecinos y que nadie que conozco existe ya, porque no queda ya lo que conozco, y solo soy, en todo caso, una memoria perecedera de una mente que va a acabar también en este paraíso que ya no existe.
Hoy pasan las olas tan deprisa que parece que nunca dejarán regresar al tiempo.

Fotografía: Alejandro Sánchez Martín

LA FINAL DEL MUNDIAL

20150811 amsterdam

Había ido desde Australia para ver la final del mundial, pero mientras se jugaba el último partido, él sólo se fijaba en las sombras que proyectaban las farolas en el suelo de la plaza. Se mezclaban entre ellas y formaban nuevas sombras. Le molestaba cuando perturbaban su visión los rubios y altos transeúntes embutidos en trajes naranjas que pasaban por delante, a toda prisa, dirigiéndose al campo de fútbol.

Se detuvieron a su lado el alto americano de las gafas de pasta y la chica española con la camiseta de rayas azules. Los dos se sentaron en el muro y empezaron a hablar. El australiano vio sus sombras converger y formar una liebre, como en un magnífico juego de sombras chinescas. Sus sombras ahora eran un gorrión mientras los dos reían y se pasaban un porro. Y luego una paloma cuando se dieron la mano. Se convirtieron en una serpiente al besarse y entonces el australiano decidió comer otra seta mexicana. A fin de cuentas, Ámsterdam en verano no es más que un juego.

VENIKA “IN THE FUN”

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Nació a principios de los sesenta. La veo cada día tomar una cerveza y a veces, en esas noches en las que nada parece tener importancia, la encuentro, siempre acompañada por algún vecino en algún bar. A veces hablo con ella, tiene la voz ronca y su piel refleja su edad, no así sus ojos ni su figura. Se llama Claudia y es italiana, pero no parece italiana, ni española, ni extranjera, es una mujer que parece habitar un lugar donde todos desearíamos estar, pero tan solo durante un rato.
A veces se pasa por mi mesa y me pregunta algo que ha escuchado en otra conversación, de esas que tenemos todos los habitantes de La Terraza. Siempre pienso que escucha y que está al tanto de lo que decimos aunque parezca hablar siempre. Una escuchadora discreta. No cotilla, solo con un interés natural por la vida de los que la rodean.
Claudia siempre ha sido amable conmigo, incluso una noche hace un año en la que estaba muy triste, contándome cosas que le habían pasado recientemente y que no sabía bien cómo hacerles frente, seguía preocupada por si mi copa estaba llena, o por si me molestaba, o por si estaba hablando demasiado. Yo miraba sus ojos, enormes, azules, brillantes, y me preguntaba qué hacía allí, quién era ella.
Hoy de pronto nos habló de su vida. Pasó nueve años en Londres hasta 1989 y vivía cerca de un estudio de grabación. Nos contaba un precioso concierto de Eurythmics al que fue, donde Annie Lennox llevaba un vestido de terciopelo rojo y cantaba una canción sobre un hijo al que había perdido. Nos dijo que ella había grabado un disco, y me preguntó si quería ver la portada en Google. La miré. Intenté reconocer el rostro de aquella cantante veinteañera en la Claudia que tenía en frente, y veía sus ojos, idénticos, mirarme con ternura. Era la chica de la portada, lo que tal vez pudo ser y no fue. La chica que buscó fortuna en Londres pero no quiso que le cambiaran su música por otra más comercial.
Claudia grabó el disco “In the fun”, que puede comprarse aún, y no recibe ningún royalty, pero creo que tampoco le da muchas vueltas a eso, ella toma su cerveza y habla con nosotros, en esta esquina del mundo, donde se reúnen tantos sueños malogrados.

BACK TO…

20150905 madrugada

Las mañanas eran todas iguales: ver el amanecer gris y anaranjado en la azotea tras una noche sin dormir y pensar en regresar, siempre en regresar. Los demás no se daban cuenta, estaban entretenidos en su música, en sus celebraciones de la vida, en sus constantes risas y en sus parpadeos. Yo tenía un ritmo diferente. Me ponía los cascos nada más salir de casa y procuraba pararme todo el demasiado tiempo posible en el parque de la esquina, mirando como el sol iba engullendo los colores de la ladera, pensando en la locura de Monet si hubiese tenido que pintar a la velocidad a la que para mí se deshacía el mundo todas las seis y media. Todos aquellos interminables (no) despertares. Salía de allí, aún con la resaca de escuchar Back to Black y volvía a la rutina. Me convertía en sus risas, en sus desvelos y en su ocio. Me hacía ellos y luego, al fin, te miraba dormir, preguntándome cómo eras capaz de no existir, de amar no existir, de ser capaz de la inconsciencia del día. De ignorar la igualdad de las mañanas.

NUESTRA PRIMERA COMPRA

20150804 aguacates

Era la primera vez que Iván y yo hacíamos algo doméstico juntos. Llevábamos saliendo un mes y nos íbamos a pasar el fin de semana al sur, así que primero había que hacer una compra. Como me disperso con facilidad, lo llevo todo apuntado en la cabeza y voy de un lado al otro como una flecha, cogiendo lo que necesito sin distraerme, sobre todo para no llevarme todas las existencias del supermercado a casa.
Llegamos a la frutería y la mayor parte de lo que necesitaba venía ya en paquetes. Fui de un lado para otro cogiendo cosas y poniéndolas en la cesta, con el objetivo de no quedarme alelada admirando nuevas frutas o productos, solo quería terminar e ir al sur. En algún momento creo que a Iván le dio pavor mi sistema y me dijo: “Si no te importa te espero aquí, con la cesta”, se quedó de pie al lado de una de las montañas de zanahorias, sacó un libro de su bolsa y se puso a leer. Yo pensé: “¡Quién lee en un supermercado?”.
En medio de la vorágine cogí tres aguacates y vi una cola enorme para utilizar la pesa, así que me acerqué a él y le dije: “Iván, porfi, pesa los aguacates mientras yo sigo”. Y fui a comprar a la zona de las lechugas, los brotes y las hierbas aromáticas. Al cabo de unos minutos, Iván me tocó la espalda. Me giré y me dijo: “Doscientos setenta y cinco gramos”. Miré hacia su mano y vi los tres aguacates sin embolsar, sin etiqueta. Le dije: “Iván… pero, ¿Los pesaste?”. “Sí, pesan doscientos setenta y cinco gramos”. Puso los aguacates en la cesta y siguió leyendo a Magris.

JIM KINDELAN

20150801 backyard

Hoy vino por fin Jim Kindelan
con su botella de aguardiente,
sosteniendo el vaso,
afilando sus pezuñas en el aire.
Jim Kindelan guarda águilas bajo el brazo
y tiene un tridente escondido en la alacena.
Es un tahur que consigue siempre lo que no se propone.
Hoy por fin vino a hacer flotar a los tulipanes
en la casa de las cosas pegadas al suelo.
“Toma otro trago Jim Kindelan
deja para mañana el temblor del aguardiente
que queda empozado en la botella,
no perdones a quienes destilaron por ti
no perdones a las olorosas orquídeas
que suben y bajan con los temporales de la colina”
La colina donde se mece mi casa,
donde ahora se mece
el viejo-joven Jim Kindelan sobre la silla de mimbre
contándome cómo se raja la cabeza de un cerdo.
Aquí está feliz, lo parece, hace rato que no parpadea,
hace rato que mira a mi hija jugar con la jirafa de plástico,
hace rato que no calla aunque tenga la boca llena.
Salpica dorado entre los dientes
y los brotes de césped se achantan
ante las gotas de aguardiente.
Salen volando las águilas de debajo de sus brazos,
se posan sobre los árboles
le preguntan a Dios por las esquinas del paraíso de mi patio.
Jim Kindelan se queda quieto y mi hija le cierra los ojos
“Jim Kindelan muere, mamá” dice la cría.
Jim Kindelan bebe los posos sombríos del destilador.
Jim Kindelan no ha visto el anochecer.
El anochecer de la orquídea esta vez.
Las águilas emprenden el vuelo hacia las esquinas.

TEXTO DE HOMENAJE A SITO SIMANCAS

20150726 sito homenaje

24/07/2015 Playa de Santiago, La Gomera

Siempre que vengo al pueblo de donde proviene mi familia, -menos de lo que querría- me ocurre algo curioso, al menos para mí: a pesar de que tengo insomnio crónico es el único lugar del mundo donde logro dormir, incluso de día, como si mi cuerpo y mi mente supiesen que Playa de Santiago es donde puedo estar completamente en paz con todo.

Tengo el recuerdo, muy pequeña, de ver a “mi lejana familia de La Gomera”, venir a casa de mi abuela a visitarnos. Por aquel entonces, a finales de los ochenta, dos de los hermanos de Clara, Sito y Pepín, me parecían idénticos, tanto físicamente como por aquel acento gomero marcado, casi incomprensible para mí por aquel entonces. Para distinguirlos tenía un truco, le miraba la mano a Pepín, sabía que era a él a quien le faltaba la punta de un dedo. Cuando volvían a marchar le preguntaba a mi abuela: “¿Cómo perdió el dedo tu hermano pequeño?” y ella, siempre, durante los veintinueve años que conviví con ella en este mundo me dio la misma respuesta: “Pepín era pescador y una noche en la mar, le comió el dedo una sirena”, y yo la creí la primera vez y luego decidí no buscar otra respuesta, para mí siempre fue mi tío el que amó a las sirenas tanto como para regalarles su dedo.

Sito es uno entre nueve hermanos de los hijos de Pepe “El chico” y Armida, y ahora mismo el cabeza de familia de esta suerte de “Buendías” que somos los Simancas – Megolla, con nuestros lazos de sangre y nuestros lazos de amor más allá de ella, sin tener bien claro a veces de dónde venimos pero que, como le digo a mi tía Bella y a mi tío Sito cuando me despido: “Nos vemos poco, pero nos queremos mucho”. Ahora Sito nos guía en este recorrido, como siempre ha hecho, con su sonrisa perenne en la cara, incluso cuando no sabes bien porqué. Hace poco estaba con él en una habitación de un lugar nada agradable, yo tenía el semblante serio y miraba al suelo, y Sito de pronto, como si supiera exactamente lo que yo quería escuchar me dijo: “Sabina, a ver si encuentras quién escribió esta frase: Sonríe siempre, aunque estés triste, porque más triste que tu sonrisa triste es la tristeza de no saber sonreír”. Y supongo que es de esta manera y no de otra como Sito se ha ganado los corazones de tantas personas a lo largo de los años, porque a veces sientes que no te hace falta hablar, y que aunque él hable mucho, escucha más, y sabe, no lo que debe decir, o lo que esperan de él, sino lo que cada amigo necesita escuchar en cada momento. Sito no solo es una persona noble, alguien en quien confiar y el que está ahí para literal o metafóricamente, echarte un cable cuando lo necesitas, es, al menos como yo lo veo, el mejor oyente que conozco, aun cuando crees que está en otro lugar, te está escuchando, y sabe, seguramente, lo que sientes antes de que te des cuenta.

En esta familia enorme, donde algunos están aquí presentes, otros están lejos o no saben que forman parte de ella aún, y otros están ya solo en nuestra memoria, siempre nos hemos guiado por la imaginación, por la libertad y por poner a nuestros seres queridos por delante de cualquier otra cosa, en esta familia, donde un día de Carnavales a los quince años empiezas a hablar con un chico amigo de un amigo y a los diez minutos descubres que es tu primo, como me pasó con Carlos Jesús, o donde alguien de pronto te dice: “¿Tú eres de Clarita? Yo soy de Antonio”, no caben las dudas y no te falta nunca la sensación de saberte querido, acompañado y rodeado en ningún momento. Cualquier cosa que pueda hacerte un poco más feliz, el otro te la ofrecerá, pueda o no la tenga a mano, siempre, como cuando hace ya más de cincuenta años empezó Sito con su Radio Ritmo, ese coche que llevaba de fiesta en fiesta, y mientras los demás bailaban él se mantenía a su distancia. Mi madre me contaba, y me da muchas veces pena haber nacido en los ochenta y perderme tantas cosas, que Sito estaba preocupado porque la música sonase perfecta dentro de las posibilidades, su objetivo: que los demás siguiesen bailando sin pensar en nada más que en disfrutar, su disfrute era otro, que la fiesta hiciese olvidar a cada uno de aquellos conocidos y desconocidos, todo eso que él bien sabía: la escasez, la falta de recursos, el trabajo duro y a fin de cuentas, el día a día, ese que nos arrastra sin que nos demos cuenta.

Hoy, de regreso a la tierra en la que siento que pertenezco, no puedo más que pensar que si intento siempre contar historias, y siento la necesidad de escucharlas, sí, soy curiosa y cotilla por naturaleza, es por mi familia, porque siempre me animaron a ser libre, porque siempre hemos tenido dos objetivos: ser felices y que los demás lo sean, y no necesariamente en ese orden. Sito dice a veces que el inventó el Facebook, el “Faceguagua” como él lo llama, antes de que existiese, con su “Chinchorro”, ese patio entrañable de vecinos donde vas a saludar, a contar lo que quieras o simplemente a escuchar, donde puedes rezar el Rosario o no creer en Dios, que siempre serás bienvenido: el espíritu, La Voz de La Gomera. Todos sabemos de símbolos canarios, de lo que nos dicen que es canario y razón no les falta, pero ¿Qué es más canario que quien está plantando papas con su transistor al lado? Escuchando a Los Huaracheros mientras hace la comida, o esperando escuchar a su primo mandándole un saludo desde Venzuela?

Todo eso es él y es su Onda Tagoror, por eso estamos aquí, por quienes no tienen internet y no pueden escucharnos por las redes, por todos ellos debemos luchar. Por eso nos reunimos hoy aquí, por un hombre que ha dedicado su vida entera a hacernos felices a los demás aún cuando los tiempo no eran los mejores, por ese niño que iba cargando pescado desde Playa Santiago hasta La Villa con su hermana y ahora reparte cariño a través de las ondas, por ese hombre que si fuera escritor, no solo con su vida, sino con la de todos aquellos a los que ha escuchado contar la suya, estoy segura de que escribiría el libro más hermoso del mundo.

HÉCTOR Y DANI EN DAMON PARK

20150723 héctor y dani

Hoy dos niños visitan
Mi infancia destruida
Me hablan de un cementerio
Donde reposan los huesos
De las amapolas y los gatos.

Se ríen de los hombres hermosos
Y corrigen las mentiras piadosas
No tienen miedo de mis miedos
Y no tienen sueños más que soñar
Despiertos.

Hoy Héctor y Dani
No son los nombres de mis primos
Son dos amigos de Sabi pequeña
De Sabi tirando agua
Al muñeco de paja
Y cogiendo patos
En un lago artificial.

Ayer vi un llavero
Con un corazón roto
Y pensé que todos congelamos
Nuestra adolescencia
En el metal sin darnos cuenta.

Dani y Héctor recorren mis miedos
Y no necesitan que nadie
Los aguarde al borde del acantilado
Ni cogerse la mano entre el centeno.

Hoy dos niños me enseñan
Que ninguna memoria es casual
Y que ningún recuerdo es mío
Que no debí saltar el patio
Pero sí. Y me reencuentro
Con ellos.

A los siete años
Ya era una extranjera
Y mientras llovía en el sur
Ellos aguardaban disfrutar
Sin miedo ni prisa
De estas tinieblas.

LA PEOR VEGANA DEL MUNDO

20150722 AVENA

Hace una semanas que regresé al veganismo y a la vida sana por diversas causas. Os cuento mi experiencia.

DOMINGO 11: Hoy me despido a lo grande: Gin tonic y steak con sizzler potatoes para almorzar; y de cena, calamares y un vino blanco con seven up. ¡Mañana cambia mi vida! Mi último cigarrillo.

LUNES 12: “¿En serio voy a dejar de fumar y volverme vegana a la vez? ¡Estás loca! Bueno, cigarrillo electrónico. Desayuno un kiwi y un vaso de agua templada con limón. Esto está asqueroso, pero es bueno para mi salud. Dientes, dientes”.

MARTES 13: Jops, hoy me he hecho pareja de hecho, tenemos que celebrarlo. Total, por un cigarrillo de verdad con un Camparito no pasa nada. Almuerzo bayas rojas con avena y leche de almendras. No está tan mal este potingue… Le voy a echar hielo y parecerá un smoothie. Espera, me voy a comprar un smoothie.

MIÉRCOLES 14: Ya dejaré de fumar el lunes próximo. Iván quiere palomitas. Total… ¡Las palomitas son veganas! Echo de menos la fanta… Voy a fumar.

JUEVES 15: ¡Madre mía! ¡Cómo echo de menos el pan tumaca! Voy con Gloria a desayunar pan tumaca. Ya dejaré los hidratos del todo mañana. Por tomarlos en el desayuno no pasa nada.

VIERNES 16: Avena, avena. Pasas pasas. Necesito mirar un recetario… Calabacín con tomate y tofu. Aquí no venden tofu. Calabacín con limón. Empiezo a odiar el limón. ¿La sacarina es mala? Compro azúcar moreno. Dos cucharadas al día.

SÁBADO 17: “Hoy he soñado con un solomillo. Un fantasma me traía un solomillo. Vale, voy a fumar. Vale, necesito vino blanco. ¡Dios, esto es un asco!”

DOMINGO 18: ¡QUÉ BIEN ME HA SALIDO ESTA SEMANA! ¡HOY UN LUJITO DE NADA! ¡PALOMITAAASSS y PAQUETE DE TABACOO!

LUNES 20: “Se ciernen sobre mí nubes cargadas de avena… Veo borroso. La montaña anuncia calima. Veo pasas, parecen pequeños bichos que van a caminar en mi estómago. Tengo que salir de aquí” Me bebo un smoothie. Espero que esto sea sano. ¿Demasiada azúcar? ¿Soy vegana? ¿Estoy loca?

MARTES 21: Hoy empiezo con buen ánimo. Mezclar la avena con almendras alcalinizantes. Vitaminas para reforzar mis defensas. Naranjas y kiwi. ¡Fiestaaa! No voy a fumar hoy. Bueno, unas caladitas al electrónico.

MIÉRCOLES 22: Berenjenas. Pimientos. Avena. Pasas. Smoothie. Agua depurada. Leche de soja. ¡Necesito un maldito bistec!! Me voy a beber una Fanta zero. ¡Alimentos insanos volved a mí!

Y aquí sigo. Luchando contra viento y marea.

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