20150910 englishpub
Anoche fui de nuevo a ver a los ingleses. Se sientan a la mesa de la terraza sobre medianoche y forman un grupo dispar, te van contando de donde vienen: “Yo soy de Sussex County”. “Yo ojalá lo fuese, soy de Manchester”. Tienen chistes imposibles de traducir, aún estoy intentando descifrar a qué se refieren cuando dicen que “esto son como judías sobre una tostada” y siempre que no los entiendes se ríen y comentan: “No te preocupes, es humor inglés”, y sabes que se están quedando contigo.

Entre ellos anoche estaba Suzanne. Es una mujer de edad indefinida, rozará los cincuenta pero aparenta no haber pasado los cuarenta. Tiene un hijo que deambula por el karaoke y nunca habla, y ella siempre se viste como si el pequeño bar de extrarradio fuese un noble establecimiento. Cada día la percibo más delgada o más esbelta y siempre arreglada, nunca canta y nunca se emborracha como las demás, siempre manteniendo una (tal vez) fingida elegancia tras la que se siente cierta tristeza. Suzanne flirtea con los turistas y los habituales y si no le hacen caso se marcha con un monumental cabreo de mujer despechada de película de los cincuenta. Luego regresa al día siguiente como si nada hubiese ocurrido. Los demás nunca lo hablan, aquí lo que pasa hoy se olvida para siempre.

Anoche me fui antes de lo habitual, mientras Suzanne charlaba amistosamente con un confeso seguidor del Manchester United. Mañana lo olvidará, y volverá a los habituales, con sus trajes minúsculos y sus sonrisas importadas de Oxford o Nottingham. Nunca sabré lo que ocurrió, como siempre. Nunca sé lo que ocurre, porque los ingleses de mi barrio me hacen siempre recordar que en cualquier sitio, soy yo la extranjera.