goya

He visto a seres humanos
ser arrastrados por un potro gris y colérico,
en busca de una verdad
más duradera que la culpa.

Han encontrado el Santo Grial
con restos de sangre y cartílago,
grueso como el humor de un escudero,
y han hecho la prueba del carbono catorce
para determinar si pertenecía a Solomon.

Cada científico y cada poeta
espera los resultados,
recluidos
en mazmorras viciadas.

Yo también habito una cárcel
que alquilo por unas pocas monedas
que agito como piezas de Scrabble:

Todas diferentes,
con caras de muchos locos
con sus múltiples centelleos.

Este lugar de paredes amarillas y suelo blanco
no es más que el pedestal
donde me he colocado por voluntad propia
tras decepcionar a generaciones de antepasados
que por fin aceptan,
con resignación,
bajando la cabeza e ignorando los truenos,
que no hay nada en esta tormenta
salvo un par de huesos rotos
y el ala desprendida de una garza común.

He visto a tantos seres humanos
gozar de ventajas
y brindar con licor de diamante
por ser iguales a sus antecesores:
Por diagnosticar con habilidad
enfermedades comunes,
o por defender causas justas en tribunales.

Que nadie piense que se creen ellos,
tan sencillos,
la rama sin podar del laurel de oro.

Ya lo predijeron los jugadores de póquer,
con sus brazos oxidados:
Éste es un refugio de extraños,
un bebedero de paso,
una forma de entretenimiento,
vibraciones de una energía universal,
la flor que aparece en el cactus
en medio del invierno,
el sonajero de plata de los dioses,
la fórmula de la equidistancia.

Ya lo predijeron,
nocturnos y temperamentales,
adoctrinados por la locura:
Este siglo no es país para jóvenes.