old coffee

Hoy he pensado mucho en ti. No es justo pensar en ti de esta manera. No es justo ni siquiera tener el derecho o la posibilidad de escribir sobre ti un día como hoy. Pero lo tengo y me lo concedo porque soy egoísta, necesito arrancarme de golpe los golpes. Eres mi Eleanor Rigby. Yo soy la Eleanor Rigby de un niño futuro que paseará por un cementerio al mediodía con un amigo tarareando una canción sobre el olvido y todos los que vivimos seremos ella. Pero tú, tú hoy eres más que nadie ella, porque hoy nadie habla de ti. Hoy nadie recuerda que tú no podrías ni leer esto si quisieras. Que verías tal vez la foto que lo acompaña o guardarías, con toda la ternura del mundo, esta hoja de papel en un plástico en tu mesilla de noche adivinando que habla de ti con más cariño del que pueda nadie imaginar. Tú, que eres mi huérfana favorita de todas las que existieron en las memorias de infancias robadas por cuentos infantiles hechos vidas reales. Tú, canción de escarabajos, tú, que nunca te quitaste el salitre de los dedos y que nunca sentiste el calor en las manos. Sabes que te debo un café. El del martes sí, ese que te prometí. En tu casa tomada, para que me enseñes otra vez tu (mi) collar de escamas de pescado, para que me recites los rezados, para que me vistas con tus ojos casi verdes, casi marrones, casi perfectos. Para nunca echarte de menos. Hoy he pensado mucho en ti. Hoy y mañana. Ayer tú también estabas allí aunque quizás las multitudes clamaban otros nombres.