mansion

Hoy he ido a tu casa.
A la casa de los tres días,
a la que tuvo las copas
que rompían en la noche.
Donde cerca se escuchaban
los eclipses de los hombres.

Y ya aquí, en mi destino
no lloro por la gema sin raíz
que consoló al fuego en la tumba
y que bajo el ciprés del Sênam
rechazó cada limosna de Triolet

En la casa de los tres días
no lloro ya siquiera al recordar
el sacrificio del cordero
y al germano amante de Truffaut
que esculpió mis pechos con su mirada,
la música de la senda de Al-Farabi
que rompió en mil pedazos
el mármol y la piedra:
ahora son gotas de ceniza
que descansan en un féretro inmaduro

En la casa tuya,
Incluso las luces más tenues
Deslumbran al huesped despistado
Y aquí
sigue el hombre buscando respuestas
sigue la mujer buscando respuestas
y sigue el niño jugando a crearlas.

Adiós.
Ahora debo regresar,
completa de huída y multitud,
a mi interludio.