20150801 backyard

Hoy vino por fin Jim Kindelan
con su botella de aguardiente,
sosteniendo el vaso,
afilando sus pezuñas en el aire.
Jim Kindelan guarda águilas bajo el brazo
y tiene un tridente escondido en la alacena.
Es un tahur que consigue siempre lo que no se propone.
Hoy por fin vino a hacer flotar a los tulipanes
en la casa de las cosas pegadas al suelo.
“Toma otro trago Jim Kindelan
deja para mañana el temblor del aguardiente
que queda empozado en la botella,
no perdones a quienes destilaron por ti
no perdones a las olorosas orquídeas
que suben y bajan con los temporales de la colina”
La colina donde se mece mi casa,
donde ahora se mece
el viejo-joven Jim Kindelan sobre la silla de mimbre
contándome cómo se raja la cabeza de un cerdo.
Aquí está feliz, lo parece, hace rato que no parpadea,
hace rato que mira a mi hija jugar con la jirafa de plástico,
hace rato que no calla aunque tenga la boca llena.
Salpica dorado entre los dientes
y los brotes de césped se achantan
ante las gotas de aguardiente.
Salen volando las águilas de debajo de sus brazos,
se posan sobre los árboles
le preguntan a Dios por las esquinas del paraíso de mi patio.
Jim Kindelan se queda quieto y mi hija le cierra los ojos
“Jim Kindelan muere, mamá” dice la cría.
Jim Kindelan bebe los posos sombríos del destilador.
Jim Kindelan no ha visto el anochecer.
El anochecer de la orquídea esta vez.
Las águilas emprenden el vuelo hacia las esquinas.