muerte

Si el anciano se aproxima
Hacia el caudal del vacío
Dile en silencio que se quede
entre nosotros
El tiempo suficiente
Para asestarnos una puñalada
Y dejarnos florecer
en medio de la gruta.

Si el anciano remonta el vuelo
Agárralo bien fuerte y rómpelo
En pedazos que puedas
Transportar con rapidez
Hasta la cuna de su nieto
Allí se quedará tendido
Y pausará la tertulia con el ángel
Viajará entre la piedad
y el incorregible consuelo.

Lame sus piernas
Llenas de melancolía
Llora por su regreso
cuanto puedas
A él le gusta el agua
Más que a un océano la sal.

Vomita tus más sacrílegas
Intenciones de que perdure
En nuestro pedestal eterno
Y de robarle la sapiencia
Para perder en el ocaso
Todo lo que la muerte
Nos exige.
Has encontrado a tu oráculo
En medio del camino.

¿Será la vida eso,
eso solamente?
¿Corregir los ciclos
Inacabables,
con la destreza
De un péndulo que va
Siempre hacia un centro
queriendo salirse del hilo?

Ahora
El anciano roto
en mil promesas
prosigue su camino
Más confuso
Con el semblante más sereno
Pero menos solemne
Debiste darle un beso de despedida
cuando vació su mano en aire.

No eres más que sombras
sobre más sombras
de la muerte que se detuvo
durante un instante
para llevarte con más muerte
sobre sus hombros.