gorriones

Almuerzo tostas de tartare
Como si no pasase nada
Me mira un ciego
con las pupilas blancas:
Me siento hermosa
Ya soy tan lúcida
que ni respiro
cuando te veo.

Andan los gorriones bien lejos
No me preocupo por sus gargantas
repletas de tartare y gritos vírgenes
Me abraza la italiana ubriaca
Ella necesita mi cara
Para sentir su suavidad
Ya soy tan lúcida
que veo arrugas
en mis entrañas.

Días como hoy
Viene la anciana
a pedir comida para llevar
con un pañuelo en la cabeza
naranja
la comida, el pañuelo
Pero soy ya
tan asquerosamente lúcida
que sé
que se la ofrecerá
a los gorriones
para no alimentar un alma
llena de suelos magullados.

 

Fotografía de María José Vidal