ANXIAETY

Hoy he leído EL Gran Gatsby. Tuve la sensación de haberlo leído antes. Ya no recuerdo casi nada, los libros que leo desaparecen de mi mente en cuanto los cierro. La mujer que ve tortugas y piensa que el agua del grifo está envenenada me convence para que juegue con ella al ajedrez. Siempre gana aunque no sabe mover las piezas. El matemático me comenta que los agujeros negros engullen la materia y que allí el tiempo no existe y todos vivimos en el futuro. Me habla de envejecimiento celular en el espacio y de una breve cosmología. “Existe vida en otros planetas, pero no pueden llegar a la tierra”. Yo le comento que a lo mejor viven en otra dimensión, pero me llama loca. Él a mí, que soy la única que ve cómo desaparecen las paredes de viento en este espacio vacío.
Me acuesto en la cama y pienso en El abrigo de Gogol. Soy el fantasma que vaga buscando cómo protegerse del mundo, pero no quedan demasiadas esperanzas, la chica que me lo prestó ya ha encontrado su cordura. Y le ha salido caro, a lo mejor no debiera yo arriesgarme tanto. No tengo porqué seguir sus pasos. Me siento cómoda en este refugio donde nadie viene para quedarse. En este pasillo hacia el exterior o hacia uno mismo, en este lenta lenta e insana espera donde cada cual posee una corona de espinas y se cree el Salvador, el Bienaventurado. Yo siempre he vivido a la espera del Mesías. Que llegue aquí y me explique porqué las moscas revolotean a mi alrededor mientras duermo. Tal vez mi cama es una tumba y todo esto poco más que el infierno de los tibios.