cuando cuentas algo a alguien...

DIARIO DE UNA CAMARERA TRISTE

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Todavía no tengo muy claro porqué los clientes se quejan a las doce y cuarto de que no puedo seguir sirviéndoles sus cócteles dulcísimos y sus asquerosos Pastis. Hay un cartel bien grande que dice que a las doce cierra la barra. Pero no sirve de nada, no pretendo que miren la hora todo el tiempo, o precisamente a medianoche, pero tampoco estaría de más que no se quejaran cuando, con toda la amabilidad que soy capaz de reunir, les digo que lo siento mucho. Se ponen algunos como fieras, estos extranjeros rosados que están aquí como si supieran lo que es vivir un año entero en un lugar que solo parece pertenecerle al verano. No tienen ni idea de lo que es pasear por este bar de piscina cuando llueve y no hay nadie que pida nada en todo el día y las propinas no dan para vivir, la máquina de granizada está apagada y nadie repara en tu cara o en tu somnolencia, salvo tu jefe gilipollas que viene a descargar la ira acumulada porque sus hijos sacan malas notas en su universidad privada. Todos estos seres extravagantes, metidos a pijos, que creen dominar el mundo y tienen niebla que recubriendo sus tímidas reflexiones sobre nuestras mundanas existencias, que no saben de qué hablar y van y vuelven del tiempo atmosférico al precio de la leche de vaca en Londres. Hijos de colonialistas feroces han vuelto a colonizarnos, han vuelto para tomar la tierra que nunca tomaron por haber comido demasiado y echarse la siesta a destiempo.
Salgo cada día del bar a la una y media después de hacer el inventario, ese ocioso pasatiempo del capitalismo. Tener a un empleado mal pagado contabilizando cada mísera existencia de pimentón y Martini para saber si su bolsillo ha crecido unos céntimos más. Con lo fácil que sería hacer las cosas de otro modo. Odio trabajar, odio tener que cumplir con este ritual de sentirme útil, ¿Sentirme útil? Utilizada, más bien. Solo quiero descansar, salir y perder mi tiempo. Como dice mi vecino: “Ponemos a trabajar a todos los romanos, que bien supieron hacer los puentes, y los demás a beber cerveza”, si la vida fuese ir de bares yo sería una borracha feliz.

2 Comments

  1. No sabes como entiendo a la camarera, estuve casi 20 años sintiendo lo mismo.

    • Alba Sabina

      August 18, 2015 at 8:40 am

      Sí, creo que necesitaba tener voz cuando la escuché ayer… Gracias por el comentario Javier.

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