sabi 03

De mayor quería ser escritora. No habían medias tintas ni otras vocaciones. Si alguien me preguntaba, no existían respuestas ambiguas. Mi tiempo libre lo dedicaba a rellenar páginas con historias como la del forense asesino que mataba porque estaba falto de trabajo, o la del niño que observaba al anciano del parque y acababa convirtiéndose en él. Me nutría de las lecturas más desordenadas y disparatadas para mi edad que uno podría concebir, desde Gloria Fuertes a Herman Hesse, no desaprovechaba ninguna oportunidad de leer algo que me inspirase. Hasta que escribí mi obra cumbre, la que me hizo saber que mi destino no podía ser otro: “Mañana de un sábado importado”, un relato largo de ciencia ficción en el que un país coloniza a otro gracias a mañanas relucientes, policromadas, felices, cuando ellos pierden las suyas en un desajuste temporal al cambiar del año 1999 al 2000. Esto lo escribí en el 97. En ese momento, y viendo los resultados y el revuelo familiar que causó mi relato lleno de referencias a diversos libros y acontecimientos históricos que había ido aprendiendo a lo largo de los años, supe que lo de escribir era, sin duda, una vocación fascinante. Mi principal preocupación, ciertamente, era la falta de inspiración, esas tardes lluviosas en las que no encontraba un tema sobre el que escribir o el tema era banal o infantil y no alcanzaba mis expectativas literarias. Vivía en un mundo tan propio que jamás existieron dudas. Nunca me planteé la posibilidad de “no lograrlo” o de que existiesen dificultades, solo temía mis propios bloqueos. Cuando los tenía escribía horribles poemas sobre la nada, textos ignominiosos sobre estar sentado delante de una página en blanco. Y lo peor quizás es que hasta el día de hoy sigo siendo esa niña para la que la literatura es una cuestión de saber escribir o no saber escribir, de poder hacerlo o no hacerlo, de enfrentarte al dolor de no saber qué narrar hoy, como me ocurre en este momento, en el que lo más duro, es que me parece que todas las historias que tengo ya han sido contadas.