cuando cuentas algo a alguien...

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NANCY MAE CLUTTER

nancy mae

“Arrugas y huesos, canas y diamantes: me muero de ganas de que llegue ese momento”.

Truman Capote (In Cold Blood)

Corre.

Te esperan ya Nancy,
bella niña del sur,
han llegado los invitados.

“Estuviste perfecta en Tom Sawyer”
“Eres la reina de Holcomb”.

Parpadeas, ríes y asientes.

Miras de reojo a Bobby subirse el pantalón.

Tu padre piensa arrancarte
el anillo de metodista,
tu madre llora sobre el ébano,
tu hermano envidia tu guiso y tu olor.

“Tu padre siempre fue como tú”,
dicen los invitados.

Parpadeas, ríes y asientes.

“Tu padre tiene el alijo en la casa”
dicen las voces de Holcomb,
dicen las voces más allá de Kansas,
más allá del sur que gobiernas
a tus sweet sixteen.

Llega la noche de los ojos abiertos,
te encaramas a la memoria de Bobby,
los gatos se esconden,
Babe relincha.

“¿Dónde están los billetes, viejo tarado?”

Parpadeas y asientes.

Asaltan las catorce habitaciones
y cien veces cepillas tu pelo, Nancy Mae.

Una sola bala vuelve rojos tus rizos
hasta Garden City, hasta tus pies.

CARTA A DIEGO

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No te conozco pero sé que estás despierto como yo. Sé que hoy miras en tu mente el dibujo inexacto de una guitarra verde que un día fueron tus ojos y te preguntas si las marejadas podrán alcanzar los hoyuelos de las mejillas de tu madre y sus labios con rouge.
Tal vez te estás tapando los oídos mientras cantas sobre los elefantes que pasean desavenidos entre los pasillos de este asidero de locos, y podrás así hacernos comprender que tu tren partió cuando los demás nos ocupábamos de fregar los platos, trabajar en hoteles y analizar la mente del vecino. Nunca la tuya, y si lo hicimos, sólo vimos una tiniebla, como en este parque de esperanzas secas donde cada uno tiene su propia matemática.
Temes llorar al teléfono, temes no llorar y pensar que sólo vale el temor de colgarte sobre un hilo en el centro de la tierra, tirar fuerte y esconderte bajo una lona de circo con un montón de vino y un montón más de desamor. Nadie te culpa, naciste así, imperfecto, hermoso e imperfecto, y las luces brillan sólo para ti. Acarícialas, no las temas, ellas protegen la imagen que formamos del mundo, donde cada uno sentimos y poseemos un veneno diferente.
Ahora mira la guitarra verde, que tome forma, que sus cuerdas estén tensas pero no demasiado y recuerda algún sonido que cruzase el universo con tus dedos. Y allí te esperarán los otros, al otro lado de los elefantes que galopan las esquinas de la habitación y de las cuchillas clavadas en estómagos más duros que el acero.
Allí estamos todos y te vemos, tras la máscara de las luces, tras el infierno, te vemos y te queremos de vuelta. Sólo lo alcanzamos -entiéndelo- pocas veces: Nosotros también hemos visto todos esos infiernos en un pasillo finito, perpetuo y desolador.
Eres tú el que puede regresar, pero aún así, iremos en tropel a buscarte, aunque tengamos que construir un caballo de madera para atravesar los muros de tu memoria y construirte un presente donde toques de nuevo nuestra canción.

LA FINAL DEL MUNDIAL

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Había ido desde Australia para ver la final del mundial, pero mientras se jugaba el último partido, él sólo se fijaba en las sombras que proyectaban las farolas en el suelo de la plaza. Se mezclaban entre ellas y formaban nuevas sombras. Le molestaba cuando perturbaban su visión los rubios y altos transeúntes embutidos en trajes naranjas que pasaban por delante, a toda prisa, dirigiéndose al campo de fútbol.

Se detuvieron a su lado el alto americano de las gafas de pasta y la chica española con la camiseta de rayas azules. Los dos se sentaron en el muro y empezaron a hablar. El australiano vio sus sombras converger y formar una liebre, como en un magnífico juego de sombras chinescas. Sus sombras ahora eran un gorrión mientras los dos reían y se pasaban un porro. Y luego una paloma cuando se dieron la mano. Se convirtieron en una serpiente al besarse y entonces el australiano decidió comer otra seta mexicana. A fin de cuentas, Ámsterdam en verano no es más que un juego.

VENIKA “IN THE FUN”

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Nació a principios de los sesenta. La veo cada día tomar una cerveza y a veces, en esas noches en las que nada parece tener importancia, la encuentro, siempre acompañada por algún vecino en algún bar. A veces hablo con ella, tiene la voz ronca y su piel refleja su edad, no así sus ojos ni su figura. Se llama Claudia y es italiana, pero no parece italiana, ni española, ni extranjera, es una mujer que parece habitar un lugar donde todos desearíamos estar, pero tan solo durante un rato.
A veces se pasa por mi mesa y me pregunta algo que ha escuchado en otra conversación, de esas que tenemos todos los habitantes de La Terraza. Siempre pienso que escucha y que está al tanto de lo que decimos aunque parezca hablar siempre. Una escuchadora discreta. No cotilla, solo con un interés natural por la vida de los que la rodean.
Claudia siempre ha sido amable conmigo, incluso una noche hace un año en la que estaba muy triste, contándome cosas que le habían pasado recientemente y que no sabía bien cómo hacerles frente, seguía preocupada por si mi copa estaba llena, o por si me molestaba, o por si estaba hablando demasiado. Yo miraba sus ojos, enormes, azules, brillantes, y me preguntaba qué hacía allí, quién era ella.
Hoy de pronto nos habló de su vida. Pasó nueve años en Londres hasta 1989 y vivía cerca de un estudio de grabación. Nos contaba un precioso concierto de Eurythmics al que fue, donde Annie Lennox llevaba un vestido de terciopelo rojo y cantaba una canción sobre un hijo al que había perdido. Nos dijo que ella había grabado un disco, y me preguntó si quería ver la portada en Google. La miré. Intenté reconocer el rostro de aquella cantante veinteañera en la Claudia que tenía en frente, y veía sus ojos, idénticos, mirarme con ternura. Era la chica de la portada, lo que tal vez pudo ser y no fue. La chica que buscó fortuna en Londres pero no quiso que le cambiaran su música por otra más comercial.
Claudia grabó el disco “In the fun”, que puede comprarse aún, y no recibe ningún royalty, pero creo que tampoco le da muchas vueltas a eso, ella toma su cerveza y habla con nosotros, en esta esquina del mundo, donde se reúnen tantos sueños malogrados.

JIM KINDELAN

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Hoy vino por fin Jim Kindelan
con su botella de aguardiente,
sosteniendo el vaso,
afilando sus pezuñas en el aire.
Jim Kindelan guarda águilas bajo el brazo
y tiene un tridente escondido en la alacena.
Es un tahur que consigue siempre lo que no se propone.
Hoy por fin vino a hacer flotar a los tulipanes
en la casa de las cosas pegadas al suelo.
“Toma otro trago Jim Kindelan
deja para mañana el temblor del aguardiente
que queda empozado en la botella,
no perdones a quienes destilaron por ti
no perdones a las olorosas orquídeas
que suben y bajan con los temporales de la colina”
La colina donde se mece mi casa,
donde ahora se mece
el viejo-joven Jim Kindelan sobre la silla de mimbre
contándome cómo se raja la cabeza de un cerdo.
Aquí está feliz, lo parece, hace rato que no parpadea,
hace rato que mira a mi hija jugar con la jirafa de plástico,
hace rato que no calla aunque tenga la boca llena.
Salpica dorado entre los dientes
y los brotes de césped se achantan
ante las gotas de aguardiente.
Salen volando las águilas de debajo de sus brazos,
se posan sobre los árboles
le preguntan a Dios por las esquinas del paraíso de mi patio.
Jim Kindelan se queda quieto y mi hija le cierra los ojos
“Jim Kindelan muere, mamá” dice la cría.
Jim Kindelan bebe los posos sombríos del destilador.
Jim Kindelan no ha visto el anochecer.
El anochecer de la orquídea esta vez.
Las águilas emprenden el vuelo hacia las esquinas.

TEXTO DE HOMENAJE A SITO SIMANCAS

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24/07/2015 Playa de Santiago, La Gomera

Siempre que vengo al pueblo de donde proviene mi familia, -menos de lo que querría- me ocurre algo curioso, al menos para mí: a pesar de que tengo insomnio crónico es el único lugar del mundo donde logro dormir, incluso de día, como si mi cuerpo y mi mente supiesen que Playa de Santiago es donde puedo estar completamente en paz con todo.

Tengo el recuerdo, muy pequeña, de ver a “mi lejana familia de La Gomera”, venir a casa de mi abuela a visitarnos. Por aquel entonces, a finales de los ochenta, dos de los hermanos de Clara, Sito y Pepín, me parecían idénticos, tanto físicamente como por aquel acento gomero marcado, casi incomprensible para mí por aquel entonces. Para distinguirlos tenía un truco, le miraba la mano a Pepín, sabía que era a él a quien le faltaba la punta de un dedo. Cuando volvían a marchar le preguntaba a mi abuela: “¿Cómo perdió el dedo tu hermano pequeño?” y ella, siempre, durante los veintinueve años que conviví con ella en este mundo me dio la misma respuesta: “Pepín era pescador y una noche en la mar, le comió el dedo una sirena”, y yo la creí la primera vez y luego decidí no buscar otra respuesta, para mí siempre fue mi tío el que amó a las sirenas tanto como para regalarles su dedo.

Sito es uno entre nueve hermanos de los hijos de Pepe “El chico” y Armida, y ahora mismo el cabeza de familia de esta suerte de “Buendías” que somos los Simancas – Megolla, con nuestros lazos de sangre y nuestros lazos de amor más allá de ella, sin tener bien claro a veces de dónde venimos pero que, como le digo a mi tía Bella y a mi tío Sito cuando me despido: “Nos vemos poco, pero nos queremos mucho”. Ahora Sito nos guía en este recorrido, como siempre ha hecho, con su sonrisa perenne en la cara, incluso cuando no sabes bien porqué. Hace poco estaba con él en una habitación de un lugar nada agradable, yo tenía el semblante serio y miraba al suelo, y Sito de pronto, como si supiera exactamente lo que yo quería escuchar me dijo: “Sabina, a ver si encuentras quién escribió esta frase: Sonríe siempre, aunque estés triste, porque más triste que tu sonrisa triste es la tristeza de no saber sonreír”. Y supongo que es de esta manera y no de otra como Sito se ha ganado los corazones de tantas personas a lo largo de los años, porque a veces sientes que no te hace falta hablar, y que aunque él hable mucho, escucha más, y sabe, no lo que debe decir, o lo que esperan de él, sino lo que cada amigo necesita escuchar en cada momento. Sito no solo es una persona noble, alguien en quien confiar y el que está ahí para literal o metafóricamente, echarte un cable cuando lo necesitas, es, al menos como yo lo veo, el mejor oyente que conozco, aun cuando crees que está en otro lugar, te está escuchando, y sabe, seguramente, lo que sientes antes de que te des cuenta.

En esta familia enorme, donde algunos están aquí presentes, otros están lejos o no saben que forman parte de ella aún, y otros están ya solo en nuestra memoria, siempre nos hemos guiado por la imaginación, por la libertad y por poner a nuestros seres queridos por delante de cualquier otra cosa, en esta familia, donde un día de Carnavales a los quince años empiezas a hablar con un chico amigo de un amigo y a los diez minutos descubres que es tu primo, como me pasó con Carlos Jesús, o donde alguien de pronto te dice: “¿Tú eres de Clarita? Yo soy de Antonio”, no caben las dudas y no te falta nunca la sensación de saberte querido, acompañado y rodeado en ningún momento. Cualquier cosa que pueda hacerte un poco más feliz, el otro te la ofrecerá, pueda o no la tenga a mano, siempre, como cuando hace ya más de cincuenta años empezó Sito con su Radio Ritmo, ese coche que llevaba de fiesta en fiesta, y mientras los demás bailaban él se mantenía a su distancia. Mi madre me contaba, y me da muchas veces pena haber nacido en los ochenta y perderme tantas cosas, que Sito estaba preocupado porque la música sonase perfecta dentro de las posibilidades, su objetivo: que los demás siguiesen bailando sin pensar en nada más que en disfrutar, su disfrute era otro, que la fiesta hiciese olvidar a cada uno de aquellos conocidos y desconocidos, todo eso que él bien sabía: la escasez, la falta de recursos, el trabajo duro y a fin de cuentas, el día a día, ese que nos arrastra sin que nos demos cuenta.

Hoy, de regreso a la tierra en la que siento que pertenezco, no puedo más que pensar que si intento siempre contar historias, y siento la necesidad de escucharlas, sí, soy curiosa y cotilla por naturaleza, es por mi familia, porque siempre me animaron a ser libre, porque siempre hemos tenido dos objetivos: ser felices y que los demás lo sean, y no necesariamente en ese orden. Sito dice a veces que el inventó el Facebook, el “Faceguagua” como él lo llama, antes de que existiese, con su “Chinchorro”, ese patio entrañable de vecinos donde vas a saludar, a contar lo que quieras o simplemente a escuchar, donde puedes rezar el Rosario o no creer en Dios, que siempre serás bienvenido: el espíritu, La Voz de La Gomera. Todos sabemos de símbolos canarios, de lo que nos dicen que es canario y razón no les falta, pero ¿Qué es más canario que quien está plantando papas con su transistor al lado? Escuchando a Los Huaracheros mientras hace la comida, o esperando escuchar a su primo mandándole un saludo desde Venzuela?

Todo eso es él y es su Onda Tagoror, por eso estamos aquí, por quienes no tienen internet y no pueden escucharnos por las redes, por todos ellos debemos luchar. Por eso nos reunimos hoy aquí, por un hombre que ha dedicado su vida entera a hacernos felices a los demás aún cuando los tiempo no eran los mejores, por ese niño que iba cargando pescado desde Playa Santiago hasta La Villa con su hermana y ahora reparte cariño a través de las ondas, por ese hombre que si fuera escritor, no solo con su vida, sino con la de todos aquellos a los que ha escuchado contar la suya, estoy segura de que escribiría el libro más hermoso del mundo.

EXTRACTOS DE MI DIARIO: PRIMER DÍA EN MADRID

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15/10/2002

Primer día en Madrid. La habitación de la residencia. Fría. Blanca. Parece un hospital. Abro el libro que estoy leyendo. Lo cierro. Mi compañera no ha llegado aún ni sé cuándo llegará. No tengo ganas de sacar la ropa de la maleta. Me tumbo en la cama. No conozco a nadie. Hace frío. Me recuesto e intento dormir, no tengo sueño. Las sábanas son ásperas. No quiero salir a ver la ciudad ni quiero estar aquí. Hace cinco horas estaba en Tenerife. Echo de menos mis paredes color melocotón. Echo de menos a mi gato. Aquí no escucho a mi madre preguntar desde abajo cómo estoy. No se escucha a Janis Joplin. No huele a tabaco en el salón porque aquí no hay salón. Solo huele a recién pintado y se escuchan pasos de vez en cuando. No quiero abrir la puerta y presentarme a los que pasan. Esto no se parece en nada a un hogar. Quince días hasta que empiecen las clases. Quince días. Trato de leer otra vez. ¿Por qué traje a Salinger? No quiero desmitificarlo en este cuarto con estanterías de contrachapado. La comida sabe a cartón. El bistec es como una suela de zapato. No hay televisión. No tengo amigos. No conozco a nadie. ¿Este era mi sueño? Quiero volver a casa. Quiero mi edredón de colores y estar enfadada por no haber venido aquí a estudiar. Quiero no haber tomado la decisión correcta.

SOY AYER

nakasaki

Ayer até
El sufrimiento del mundo a mi cuerpo

Ayer miré
A la luna perpetua
y solo giré la cabeza.

Y desde el cielo ayer,
Fui al entierro de mis entrañas
Y vi un infierno de tibios
quemarse con colillas.

Busqué en un cuerpo fértil mi cuerpo
Y solo encontré un animal inventado
en un libro sin descifrar.

Ayer me di tus latigazos
Hasta que me hiciste pagar
Por ser uno de ellos.

VIAJAR CON GATITO

gatito

Gatito se viene conmigo al sur de vacaciones y me deja claras ciertas cosas en el trayecto de norte a sur:

COMIENZA LA RUTA

09:00- A Gatito no le gusta la caja para meter gatitos.
09:02- No le gusta ir delante ni detrás en el coche.
09:15- No le gusta ir a ninguna velocidad superior a 80 km/h.
09:22- Gatito detesta que yo pare en los stops.
09:31- El señor de la gasolina mira raro porque llevo un gato en la parte delantera de mi vehículo. A Gatito no le gusta el señor de la gasolina. (Aquí siento que he secuestrado un bebé)
09:44- A Gatito no le gusta que pare a acariciarlo para acallar sus (m)aullidos.
09:56- A Gatito no le gusta I am the Walrus.
10:00- Detesta a Paul McCartney.
10:02- El aire acondicionado tiene que ir a 1.
10:10- A Gatito no le gusta NADA el París de Abona.
10:16- A Gatito no le gusta que los Beatles se droguen.
10:17- Gatito tiene cero sensibilidad a mis lágrimas.
10:20- Las Chafiras no es el lugar que más le gusta en el mundo a Gatito.
10:21- A mi Gatito no le hace ninguna gracia, pero ninguna, que yo imite su maullido.
10:25- Mi Gatito me ha dejado BIEN CLARO que CANTO MAL.

FIN DEL TRAYECTO.

HOMENAJE A GEORSON WORWELL

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Descubrí la palabra Rosebud porque era la contraseña para hackear el juego Tomb Raider 2 y tener vidas infinitas. La busqué en Yahoo, porque Google por ese entonces era bastante más desconocido, y así descubrí que tenía algo que ver con una película de un tal Orson Welles, que confundí rápidamente con el escritor de 1984. Saqué la película del videoclub del barrio. Intrigada, vi aquel rollaco de tres horas para enterarme de lo que era Rosebud. SPOILER. Es una palabra en un trineo que veía el de niño cuando era pobre. FIN DEL SPOILER. Quedé decepcionadísima. Años después vi fotos de aquel hombre fondón en Google (que ya sí que era famoso) y lo encontré muy guapete, así que fui a la filmoteca, porque ya era persona de provecho, y vi el Tercer Hombre que ahí me enteré que no la había dirigido él sino una tal Carol Reed, que luego supe que ni siquiera es una mujer. Me enamoré del Orson joven, que además había escrito un libro sobre mi año de nacimiento. Luego me enteré de que tampoco había escrito el libro él sino un tal George Orwell. El caso es que Orson inventó el plano contrapicado que hace que Bisbal parezca más alto. Y por eso es el mejor director de cine de la historia, según me dijo un profesor. Aunque sinceramente, aquel día, no había bebido café al ir a clase, por lo que no me hagan mucho caso. Felicidades Orson, creo que hoy es tu aniversario, o el del escritor de 1984, no sé, pero si estuvieras vivo, intentaría ligar contigo. Lástima nuestro mal timing.

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