cuando cuentas algo a alguien...

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¡SPOILER ALERT! VIENE MI MADRE

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Hoy, día de la madre, escribo para reivindicar los derechos de la mía. Os cuento. Recientemente mi madre se llevó un disgusto cuando, al entrar en internet, recibió un aviso vía e-mail de que había sido vetada de numerosos foros de televisión y cine en los que participaba. La pobre mujer, que con tanta ilusión había comentado sus opiniones en debates sobre Juego de Tronos, Penny Dreadful, El ministerio del tiempo, Downton Abbey o Vikings, ha quedado desolada. Me contó por Facebook lo sucedido, pero no hemos logrado hallar una explicación. Siento mucho que a una seguidora acérrima de tantos y tantos productos audiovisuales no la dejen expresarse con libertad.

Reproduzco la conversación.

MARGOT: Sabi, no lo entiendo, yo siempre he sido respetuosa…

SABI: Lo sé Margot, siempre lo eres, de verdad.

M: No incumplí ninguna de las normas de los foros, comentaba siempre cosas buenas además, pero no por quedar bien, sino porque son series estupendas.

S: Quizás no incumpliste las normas en sí, pero… ¿No crees que tal vez incumpliste algo… moral?

M: (pensando) No, no.

S: Recapitulemos, ¿Cuál fue la primera vez que hablaste en este foro?

M: Creo que después del capítulo “La boda roja” de Game of Thrones.

S: ¿Y qué dijiste?

M: Que me había dado mucha pena que mataran a Rob Stark y a la madre.

S: ¿Y esta temporada, hablaste de algo en el foro?

M: Bueno, el día del episodio 8 de Vikings pregunté qué opinaban los demás de que la princesa Gisla estuviera embarazada de Rollo…

S: ¿Te acuerdas de cuando yo te había puesto antes de que lo emitieran aquí, la temporada dos de Downton Abbey?

M: ¡Qué tiempos Sabi! Sí, fui al foro español y comenté que qué pena que el chico se quedara ciego en la guerra.

S: ¿Recuerdas cuando hablaste en aquel foro sobre Fringe?

M: Sí, les dije que qué horror que Walter hubiera robado a Peter del mundo paralelo…

S: Margot… ¿No ves un patrón?

M: No Sabi, en el foro de cine me echaron sin motivo, yo había dicho que me gustó mucho que la chica de Stars Wars fuera hija de Luke, y que qué pena que Natalie Portman se matara a sí misma en Black Swan. A lo que voy, no puedo haber ofendido a nadie.

Esperamos que con este texto los foros entiendan que no hay ningún motivo para haber vetado a Margot y la dejen regresar a comentar con la alegría que la caracteriza sus películas y series en este día tan señalado.

BIOGRAFÍA DE RAMIPÉREZ RAMI

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Ramipérez Rami, electricista jubilado, nació a principios de los años cincuenta del pasado siglo en un domicilio de la calle Salamanca, donde pasaría su infancia. Su educación en el colegio “Los Salesianos” marcó su posterior obra vital, plagada de referencias a esos días en frases que se harían míticas como: “Ni un puto día pusieron una comida decente los curas de los cojones” o su también conocida: “Me cago en la obsesión con que estuviéramos despiertos en misa”.

Fue catapultado a la fama internacional cuando un día al volver de la fábrica, y ante la indirecta de su mujer de que “podría poner más empeño en el trabajo”, Rami acuñó la frase: “A mi me pagan por saber y no por hacer”, para unos días después rechazar un ascenso argumentando: “Sí, ahora me voy a poner traje y corbata todos los días, por los cojones”.

En el ámbito literario, es conocida su primera obra, inédita hasta la fecha: “Vamos de putas”, en la que cuenta como un primitivo hipster santacrucero lo obligó a ir junto a sus amigos a una barra americana a los trece años, para luego dejarlos tirados en el interior del establecimiento. Ahora se encuentra en pleno proceso creativo para escribir su tercer relato, que lleva gestando desde su jubilación en 2010 mientras ve todas las películas de la historia del cine, calificando un 90% de ellas como: “Una mierda pinchada en un palo” y el restante 10% como: “Joder, la idea era buena pero la cagaron como es costumbre”.

Ramipérez Rami rechaza presentarse a concursos o jugar a los juegos de azar en los que las personas comunes depositan su ilusión de forma habitual argumentando que: “El palo que me daría hacienda no compensa” o “En este mundo los ricos son unos mamones y uno mejor se mantiene al margen”.

No tenemos clara su ideología política. Por el momento rechaza esclarecer los rumores generados al respecto, pero en las ruedas de prensa familiares afirma que: “Hay que ser gilipollas para ser obrero y votar a la derecha”.

El jubilado, poseedor de una amplia librería-discografía dedicada enteramente a Bob Dylan es consciente de que quizás su obsesión por el boom sudamericano es un tanto desproporcionada, y guarda con cariño el libro póstumo de Carlos Fuentes mientras lee y relee sus obras favoritas quejándose de la manía de los escritores de envejecer: “Estos cabrones se me van muriendo todos”, constata.

En todo caso, mientras el clamor popular le pide más encuentros públicos, él prefiere pasar sus noches en vela en la habitación del ordenador jugando al Piramid Solitaire, su juego favorito. Sobre si echa de menos el trabajo, su respuesta es una gran carcajada: “Trabajar es una mierda, eso lo sabe todo el mundo”.

Esperamos con ansia más noticias y comentarios de este ejemplar único en su especie a quien felicitamos por el día del Padre de forma afectuosa.

YEIKY

jacobo

Acabo de entrar en el muro de Jacobo Rabinowicz. Ya no existe. Ni él ni su facebook. Su hija puso un mensaje avisándonos de que lo iban a cerrar. Entiendo el dolor de sus seres queridos al encender el ordenador y ver el recuerdo constante de tantas personas invocando su nombre, sus poemas y su presencia. Miré nuestra última conversación, nos preguntábamos cómo se puede querer a alguien a quien nunca has visto en persona, y simplemente concluíamos con que se puede. Le prometí enviarle mi libro por Navidades. Al día siguiente murió en el quirófano, como nos había venido advirtiendo desde hacía meses con el humor que le caracterizaba. Nuestro amigo argentino-judío apareció en la vida virtual como un torbellino de agudeza, ingenio y cariño constantes. Era impresor y daba cursos sobre literatura borgiana a sus setenta y muchos, con el alma de un chaval, nunca paternalista, siempre te pedía permiso para ofrecerte sus consejos y siempre tenía algo que decir, no siempre lo que querías escuchar, pero siempre sincero. No tenía filtros, su energía y su pasión te atravesaban y por todo ello no cabía duda de que era una buena persona, precisamente porque nunca alardeaba de serlo y nunca pretendió parecer mejor que nadie.
Ya no estás aquí Yeiky, te nos has ido años después de ese poema que escribiste a los cincuenta y nueve años donde decías que te estabas haciendo viejo. Nunca lo lograste. Hay personas como tú que no envejecen, que sólo se van a corazón descubierto, como si la muerte tuviese que arrebatárnoslas sin compasión y sin anestesia. Prometo no olvidarte nunca, prometo no dejar de quererte nunca ni dejar de admirarte nunca. Te llevo echando de menos desde que marchaste y no sé si dejaré de hacerlo algún día, pero no te preocupes, estoy mejor, como nos dijimos una vez, los dos nacimos para luchar. Descansa en paz amigo. Pero ahora, como dices tú en uno de tus poemas, “No es fácil dormir por la noche / Cuando los sueños /Te ahogan durante el día /No es fácil”.

EL INFIERNO DE LOS TIBIOS

ANXIAETY

Hoy he leído EL Gran Gatsby. Tuve la sensación de haberlo leído antes. Ya no recuerdo casi nada, los libros que leo desaparecen de mi mente en cuanto los cierro. La mujer que ve tortugas y piensa que el agua del grifo está envenenada me convence para que juegue con ella al ajedrez. Siempre gana aunque no sabe mover las piezas. El matemático me comenta que los agujeros negros engullen la materia y que allí el tiempo no existe y todos vivimos en el futuro. Me habla de envejecimiento celular en el espacio y de una breve cosmología. “Existe vida en otros planetas, pero no pueden llegar a la tierra”. Yo le comento que a lo mejor viven en otra dimensión, pero me llama loca. Él a mí, que soy la única que ve cómo desaparecen las paredes de viento en este espacio vacío.
Me acuesto en la cama y pienso en El abrigo de Gogol. Soy el fantasma que vaga buscando cómo protegerse del mundo, pero no quedan demasiadas esperanzas, la chica que me lo prestó ya ha encontrado su cordura. Y le ha salido caro, a lo mejor no debiera yo arriesgarme tanto. No tengo porqué seguir sus pasos. Me siento cómoda en este refugio donde nadie viene para quedarse. En este pasillo hacia el exterior o hacia uno mismo, en este lenta lenta e insana espera donde cada cual posee una corona de espinas y se cree el Salvador, el Bienaventurado. Yo siempre he vivido a la espera del Mesías. Que llegue aquí y me explique porqué las moscas revolotean a mi alrededor mientras duermo. Tal vez mi cama es una tumba y todo esto poco más que el infierno de los tibios.

MUNDO OCRE

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Preferiría poder veros las caras en este lugar poblado de ocres. Veros y conoceros los rostros. No seríais los ojos vacíos, las muecas desesperadas o las caras de estupor ante la vida. Seríais muchos, pero todos estaríamos en el mismo campo de centeno, seríamos todos niños esperando un momento para no desesperar, para reír al horizonte. Haríamos quemar a las convicciones, ¿cuántas convicciones inútiles nos sobran? ¿Cuántas veces amamos por despecho o trituramos el odio contra alguien que no lo merece? Preferiría ver vuestras caras que andar a tientas sobre el vacío, sintiendo que cada cuadro es demasiado hermoso como para mostrarlo y que la fotógrafa desapareció en medio de la gente para darles vida. Sería todo un sueño, de esos que duran más allá del alba. Y es que como ya dije, siempre amanece demasiado pronto.

NOCHE ENTRE INGLESES

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Anoche fui de nuevo a ver a los ingleses. Se sientan a la mesa de la terraza sobre medianoche y forman un grupo dispar, te van contando de donde vienen: “Yo soy de Sussex County”. “Yo ojalá lo fuese, soy de Manchester”. Tienen chistes imposibles de traducir, aún estoy intentando descifrar a qué se refieren cuando dicen que “esto son como judías sobre una tostada” y siempre que no los entiendes se ríen y comentan: “No te preocupes, es humor inglés”, y sabes que se están quedando contigo.

Entre ellos anoche estaba Suzanne. Es una mujer de edad indefinida, rozará los cincuenta pero aparenta no haber pasado los cuarenta. Tiene un hijo que deambula por el karaoke y nunca habla, y ella siempre se viste como si el pequeño bar de extrarradio fuese un noble establecimiento. Cada día la percibo más delgada o más esbelta y siempre arreglada, nunca canta y nunca se emborracha como las demás, siempre manteniendo una (tal vez) fingida elegancia tras la que se siente cierta tristeza. Suzanne flirtea con los turistas y los habituales y si no le hacen caso se marcha con un monumental cabreo de mujer despechada de película de los cincuenta. Luego regresa al día siguiente como si nada hubiese ocurrido. Los demás nunca lo hablan, aquí lo que pasa hoy se olvida para siempre.

Anoche me fui antes de lo habitual, mientras Suzanne charlaba amistosamente con un confeso seguidor del Manchester United. Mañana lo olvidará, y volverá a los habituales, con sus trajes minúsculos y sus sonrisas importadas de Oxford o Nottingham. Nunca sabré lo que ocurrió, como siempre. Nunca sé lo que ocurre, porque los ingleses de mi barrio me hacen siempre recordar que en cualquier sitio, soy yo la extranjera.

RECUERDO A CONTRALUZ (DIARIO DICIEMBRE 2011)

20150901 paris invernadero

Es ya un recuerdo a contraluz de un invernadero en medio de un parque donde van a acabar mis veinticinco años. Hoy has despertado y has dado de comer a un gato persa, una de esas mañanas de niebla brusca e insobornable, mientras tu madre fuma y come pasteles glaseados que vienen hechos con una receta de Argelia del norte y saben a nostalgia y a canela.

Te recuerdo anoche con interrupciones de cigarrillos importados que fumas entre risas, amplias, tímidas, como cada noche, ya pasados los trenes, los coches, las hermanas semi desnudas, las lágrimas, los cielos lluviosos, los andenes, las fondues, los paseos por colegios viejos, las plazas llenas de vendedores de pashminas y los desiertos urbanos en los que nos reunimos con otras caras ajenas para eclipsar a la Torre de Piel.

Te recuerdo no queriendo estar conmigo, estando conmigo solo por amor, hasta que pase esta tormenta y los rituales del verano sean, de nuevo, un montón de canciones olvidadas que sólo significaron una espera de tres días.

Pasarán varias vidas por nuestros cuerpos y aún así seguirá sonando esta memoria, esta vigencia vestida de presente, este sabor a realidad tan escaso para nosotros, los fantasmas.

Eres un recuerdo a contraluz, aunque estés dormido a mi lado, porque yo soy lo que soy porque me miraste, aquella madrugada de agosto, en la que el mundo me era, sin duda, indiferente.

TICKETS Y FLORES

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¿Quién me habrá enseñado que la libertad es la búsqueda de la libertad? Ya no lo recuerdo. No recuerdo tantas cosas. Ni siquiera cómo atarme a mí misma y ser capaz de tener una sola forma de serme fiel. Como aquellas tardes en las que amaba tanto a Miguel que era capaz de recorrer una calle vacía una y mil veces solo para ver su luz encendida sin atreverme a tocar la puerta. Con el miedo atado a los dedos, sin saber que el mundo estaba en ese momento, precisamente en mis manos. Yo era la que buscaba asilo con un horario viejo de trenes en el bolsillo, y quería tocar esa puerta y decirle: “Acompáñame a Mississippi a jugar al póquer, ganaremos todas las partidas y podremos comprar un vodka ruso y terminar en una plaza tocando folk con los vecinos”. Pero nunca toqué la puerta porque tenía el miedo instalado en los pulgares. Seguí la calle hasta el final y encontré un bar, entré y me dejé convencer de que de que era una chica igual a las demás, que no sabía quién era Baudelaire y que las Flores del mal eran solo unas semillas sembradas en un mal jardín. Entonces, Miguel aparecía y nos íbamos en moto a ver el mar. En el acantilado todos los Dioses eran verdaderos, los míos, paganos, y el suyo, tan blanco, de cabello tan cano, sentado en un cielo definidísimo. El infierno era regresar después de tenerlo para mí, y enfrentarme al estrellas. Sola en una terraza con Cohen hablándome de hombres que no saben de amor. Y quizás creyéndome aquellas canciones de los sesenta muy a mi pesar. Pero era libre, ¿No? Podía entonces beber cuanto quisiera, pero no, en casa, y sin un céntimo, sus gritos me estremecían, esa es la verdad, nada aplacaba ni mi sed ni mi verano solitario. Era lo más parecido a la muerte del que amas. ¿Debía ser feliz? Alguien me dijo que el pasado está escrito en la memoria y el futuro está presente en el deseo. Quizás, en el fondo, solo estoy hablando de deseo, y el amor, no sea más que una conversación sobre flores y tickets de tren.

LA LLUVIA DEL TIEMPO

20150813 olas rompiendo

Hoy pasa el tiempo tan despacio que me parece que nunca cesará el mar.
Mientras me acompaño en la orilla están todos celebrándose a sí mismos. Bebiendo vino y hablando de su juventud, y yo miro el tiempo sumergirse en esta tumba acuática mientras me desvanezco. La gente se ha ocultado en sus casas y se asoma tímidamente a la ventana para cerciorarse de que no es el momento de vivir, de que siempre quedarán más días y más ahoras que disfrutar. Qué más les da a ellos (que tienen todo el tiempo del mundo) quedarse en sus casas a vivir sus ociosas realidades mientras yo, que tampoco soy yo, sino mi vil contrincante, me quedo pensando que en este espacio tan vivo como muerto llegará el momento en el que la nada engulla cada horizonte al que hoy le falta la luz.
Y entraré en mi tumba de sal, con un pie por fuera como cuando duermo en verano, y sentiré que las olas bailan, y que los ojos me miran desde las ventanas de los vecinos y que nadie que conozco existe ya, porque no queda ya lo que conozco, y solo soy, en todo caso, una memoria perecedera de una mente que va a acabar también en este paraíso que ya no existe.
Hoy pasan las olas tan deprisa que parece que nunca dejarán regresar al tiempo.

Fotografía: Alejandro Sánchez Martín

BACK TO…

20150905 madrugada

Las mañanas eran todas iguales: ver el amanecer gris y anaranjado en la azotea tras una noche sin dormir y pensar en regresar, siempre en regresar. Los demás no se daban cuenta, estaban entretenidos en su música, en sus celebraciones de la vida, en sus constantes risas y en sus parpadeos. Yo tenía un ritmo diferente. Me ponía los cascos nada más salir de casa y procuraba pararme todo el demasiado tiempo posible en el parque de la esquina, mirando como el sol iba engullendo los colores de la ladera, pensando en la locura de Monet si hubiese tenido que pintar a la velocidad a la que para mí se deshacía el mundo todas las seis y media. Todos aquellos interminables (no) despertares. Salía de allí, aún con la resaca de escuchar Back to Black y volvía a la rutina. Me convertía en sus risas, en sus desvelos y en su ocio. Me hacía ellos y luego, al fin, te miraba dormir, preguntándome cómo eras capaz de no existir, de amar no existir, de ser capaz de la inconsciencia del día. De ignorar la igualdad de las mañanas.

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