cuando cuentas algo a alguien...

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EL INFIERNO DE LOS TIBIOS

ANXIAETY

Hoy he leído EL Gran Gatsby. Tuve la sensación de haberlo leído antes. Ya no recuerdo casi nada, los libros que leo desaparecen de mi mente en cuanto los cierro. La mujer que ve tortugas y piensa que el agua del grifo está envenenada me convence para que juegue con ella al ajedrez. Siempre gana aunque no sabe mover las piezas. El matemático me comenta que los agujeros negros engullen la materia y que allí el tiempo no existe y todos vivimos en el futuro. Me habla de envejecimiento celular en el espacio y de una breve cosmología. “Existe vida en otros planetas, pero no pueden llegar a la tierra”. Yo le comento que a lo mejor viven en otra dimensión, pero me llama loca. Él a mí, que soy la única que ve cómo desaparecen las paredes de viento en este espacio vacío.
Me acuesto en la cama y pienso en El abrigo de Gogol. Soy el fantasma que vaga buscando cómo protegerse del mundo, pero no quedan demasiadas esperanzas, la chica que me lo prestó ya ha encontrado su cordura. Y le ha salido caro, a lo mejor no debiera yo arriesgarme tanto. No tengo porqué seguir sus pasos. Me siento cómoda en este refugio donde nadie viene para quedarse. En este pasillo hacia el exterior o hacia uno mismo, en este lenta lenta e insana espera donde cada cual posee una corona de espinas y se cree el Salvador, el Bienaventurado. Yo siempre he vivido a la espera del Mesías. Que llegue aquí y me explique porqué las moscas revolotean a mi alrededor mientras duermo. Tal vez mi cama es una tumba y todo esto poco más que el infierno de los tibios.

MUNDO OCRE

20150919 FACE TO FACE

Preferiría poder veros las caras en este lugar poblado de ocres. Veros y conoceros los rostros. No seríais los ojos vacíos, las muecas desesperadas o las caras de estupor ante la vida. Seríais muchos, pero todos estaríamos en el mismo campo de centeno, seríamos todos niños esperando un momento para no desesperar, para reír al horizonte. Haríamos quemar a las convicciones, ¿cuántas convicciones inútiles nos sobran? ¿Cuántas veces amamos por despecho o trituramos el odio contra alguien que no lo merece? Preferiría ver vuestras caras que andar a tientas sobre el vacío, sintiendo que cada cuadro es demasiado hermoso como para mostrarlo y que la fotógrafa desapareció en medio de la gente para darles vida. Sería todo un sueño, de esos que duran más allá del alba. Y es que como ya dije, siempre amanece demasiado pronto.

NOCHE ENTRE INGLESES

20150910 englishpub
Anoche fui de nuevo a ver a los ingleses. Se sientan a la mesa de la terraza sobre medianoche y forman un grupo dispar, te van contando de donde vienen: “Yo soy de Sussex County”. “Yo ojalá lo fuese, soy de Manchester”. Tienen chistes imposibles de traducir, aún estoy intentando descifrar a qué se refieren cuando dicen que “esto son como judías sobre una tostada” y siempre que no los entiendes se ríen y comentan: “No te preocupes, es humor inglés”, y sabes que se están quedando contigo.

Entre ellos anoche estaba Suzanne. Es una mujer de edad indefinida, rozará los cincuenta pero aparenta no haber pasado los cuarenta. Tiene un hijo que deambula por el karaoke y nunca habla, y ella siempre se viste como si el pequeño bar de extrarradio fuese un noble establecimiento. Cada día la percibo más delgada o más esbelta y siempre arreglada, nunca canta y nunca se emborracha como las demás, siempre manteniendo una (tal vez) fingida elegancia tras la que se siente cierta tristeza. Suzanne flirtea con los turistas y los habituales y si no le hacen caso se marcha con un monumental cabreo de mujer despechada de película de los cincuenta. Luego regresa al día siguiente como si nada hubiese ocurrido. Los demás nunca lo hablan, aquí lo que pasa hoy se olvida para siempre.

Anoche me fui antes de lo habitual, mientras Suzanne charlaba amistosamente con un confeso seguidor del Manchester United. Mañana lo olvidará, y volverá a los habituales, con sus trajes minúsculos y sus sonrisas importadas de Oxford o Nottingham. Nunca sabré lo que ocurrió, como siempre. Nunca sé lo que ocurre, porque los ingleses de mi barrio me hacen siempre recordar que en cualquier sitio, soy yo la extranjera.

RECUERDO A CONTRALUZ (DIARIO DICIEMBRE 2011)

20150901 paris invernadero

Es ya un recuerdo a contraluz de un invernadero en medio de un parque donde van a acabar mis veinticinco años. Hoy has despertado y has dado de comer a un gato persa, una de esas mañanas de niebla brusca e insobornable, mientras tu madre fuma y come pasteles glaseados que vienen hechos con una receta de Argelia del norte y saben a nostalgia y a canela.

Te recuerdo anoche con interrupciones de cigarrillos importados que fumas entre risas, amplias, tímidas, como cada noche, ya pasados los trenes, los coches, las hermanas semi desnudas, las lágrimas, los cielos lluviosos, los andenes, las fondues, los paseos por colegios viejos, las plazas llenas de vendedores de pashminas y los desiertos urbanos en los que nos reunimos con otras caras ajenas para eclipsar a la Torre de Piel.

Te recuerdo no queriendo estar conmigo, estando conmigo solo por amor, hasta que pase esta tormenta y los rituales del verano sean, de nuevo, un montón de canciones olvidadas que sólo significaron una espera de tres días.

Pasarán varias vidas por nuestros cuerpos y aún así seguirá sonando esta memoria, esta vigencia vestida de presente, este sabor a realidad tan escaso para nosotros, los fantasmas.

Eres un recuerdo a contraluz, aunque estés dormido a mi lado, porque yo soy lo que soy porque me miraste, aquella madrugada de agosto, en la que el mundo me era, sin duda, indiferente.

TICKETS Y FLORES

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¿Quién me habrá enseñado que la libertad es la búsqueda de la libertad? Ya no lo recuerdo. No recuerdo tantas cosas. Ni siquiera cómo atarme a mí misma y ser capaz de tener una sola forma de serme fiel. Como aquellas tardes en las que amaba tanto a Miguel que era capaz de recorrer una calle vacía una y mil veces solo para ver su luz encendida sin atreverme a tocar la puerta. Con el miedo atado a los dedos, sin saber que el mundo estaba en ese momento, precisamente en mis manos. Yo era la que buscaba asilo con un horario viejo de trenes en el bolsillo, y quería tocar esa puerta y decirle: “Acompáñame a Mississippi a jugar al póquer, ganaremos todas las partidas y podremos comprar un vodka ruso y terminar en una plaza tocando folk con los vecinos”. Pero nunca toqué la puerta porque tenía el miedo instalado en los pulgares. Seguí la calle hasta el final y encontré un bar, entré y me dejé convencer de que de que era una chica igual a las demás, que no sabía quién era Baudelaire y que las Flores del mal eran solo unas semillas sembradas en un mal jardín. Entonces, Miguel aparecía y nos íbamos en moto a ver el mar. En el acantilado todos los Dioses eran verdaderos, los míos, paganos, y el suyo, tan blanco, de cabello tan cano, sentado en un cielo definidísimo. El infierno era regresar después de tenerlo para mí, y enfrentarme al estrellas. Sola en una terraza con Cohen hablándome de hombres que no saben de amor. Y quizás creyéndome aquellas canciones de los sesenta muy a mi pesar. Pero era libre, ¿No? Podía entonces beber cuanto quisiera, pero no, en casa, y sin un céntimo, sus gritos me estremecían, esa es la verdad, nada aplacaba ni mi sed ni mi verano solitario. Era lo más parecido a la muerte del que amas. ¿Debía ser feliz? Alguien me dijo que el pasado está escrito en la memoria y el futuro está presente en el deseo. Quizás, en el fondo, solo estoy hablando de deseo, y el amor, no sea más que una conversación sobre flores y tickets de tren.

LA LLUVIA DEL TIEMPO

20150813 olas rompiendo

Hoy pasa el tiempo tan despacio que me parece que nunca cesará el mar.
Mientras me acompaño en la orilla están todos celebrándose a sí mismos. Bebiendo vino y hablando de su juventud, y yo miro el tiempo sumergirse en esta tumba acuática mientras me desvanezco. La gente se ha ocultado en sus casas y se asoma tímidamente a la ventana para cerciorarse de que no es el momento de vivir, de que siempre quedarán más días y más ahoras que disfrutar. Qué más les da a ellos (que tienen todo el tiempo del mundo) quedarse en sus casas a vivir sus ociosas realidades mientras yo, que tampoco soy yo, sino mi vil contrincante, me quedo pensando que en este espacio tan vivo como muerto llegará el momento en el que la nada engulla cada horizonte al que hoy le falta la luz.
Y entraré en mi tumba de sal, con un pie por fuera como cuando duermo en verano, y sentiré que las olas bailan, y que los ojos me miran desde las ventanas de los vecinos y que nadie que conozco existe ya, porque no queda ya lo que conozco, y solo soy, en todo caso, una memoria perecedera de una mente que va a acabar también en este paraíso que ya no existe.
Hoy pasan las olas tan deprisa que parece que nunca dejarán regresar al tiempo.

Fotografía: Alejandro Sánchez Martín

BACK TO…

20150905 madrugada

Las mañanas eran todas iguales: ver el amanecer gris y anaranjado en la azotea tras una noche sin dormir y pensar en regresar, siempre en regresar. Los demás no se daban cuenta, estaban entretenidos en su música, en sus celebraciones de la vida, en sus constantes risas y en sus parpadeos. Yo tenía un ritmo diferente. Me ponía los cascos nada más salir de casa y procuraba pararme todo el demasiado tiempo posible en el parque de la esquina, mirando como el sol iba engullendo los colores de la ladera, pensando en la locura de Monet si hubiese tenido que pintar a la velocidad a la que para mí se deshacía el mundo todas las seis y media. Todos aquellos interminables (no) despertares. Salía de allí, aún con la resaca de escuchar Back to Black y volvía a la rutina. Me convertía en sus risas, en sus desvelos y en su ocio. Me hacía ellos y luego, al fin, te miraba dormir, preguntándome cómo eras capaz de no existir, de amar no existir, de ser capaz de la inconsciencia del día. De ignorar la igualdad de las mañanas.

NUESTRA PRIMERA COMPRA

20150804 aguacates

Era la primera vez que Iván y yo hacíamos algo doméstico juntos. Llevábamos saliendo un mes y nos íbamos a pasar el fin de semana al sur, así que primero había que hacer una compra. Como me disperso con facilidad, lo llevo todo apuntado en la cabeza y voy de un lado al otro como una flecha, cogiendo lo que necesito sin distraerme, sobre todo para no llevarme todas las existencias del supermercado a casa.
Llegamos a la frutería y la mayor parte de lo que necesitaba venía ya en paquetes. Fui de un lado para otro cogiendo cosas y poniéndolas en la cesta, con el objetivo de no quedarme alelada admirando nuevas frutas o productos, solo quería terminar e ir al sur. En algún momento creo que a Iván le dio pavor mi sistema y me dijo: “Si no te importa te espero aquí, con la cesta”, se quedó de pie al lado de una de las montañas de zanahorias, sacó un libro de su bolsa y se puso a leer. Yo pensé: “¡Quién lee en un supermercado?”.
En medio de la vorágine cogí tres aguacates y vi una cola enorme para utilizar la pesa, así que me acerqué a él y le dije: “Iván, porfi, pesa los aguacates mientras yo sigo”. Y fui a comprar a la zona de las lechugas, los brotes y las hierbas aromáticas. Al cabo de unos minutos, Iván me tocó la espalda. Me giré y me dijo: “Doscientos setenta y cinco gramos”. Miré hacia su mano y vi los tres aguacates sin embolsar, sin etiqueta. Le dije: “Iván… pero, ¿Los pesaste?”. “Sí, pesan doscientos setenta y cinco gramos”. Puso los aguacates en la cesta y siguió leyendo a Magris.

LA PEOR VEGANA DEL MUNDO

20150722 AVENA

Hace una semanas que regresé al veganismo y a la vida sana por diversas causas. Os cuento mi experiencia.

DOMINGO 11: Hoy me despido a lo grande: Gin tonic y steak con sizzler potatoes para almorzar; y de cena, calamares y un vino blanco con seven up. ¡Mañana cambia mi vida! Mi último cigarrillo.

LUNES 12: “¿En serio voy a dejar de fumar y volverme vegana a la vez? ¡Estás loca! Bueno, cigarrillo electrónico. Desayuno un kiwi y un vaso de agua templada con limón. Esto está asqueroso, pero es bueno para mi salud. Dientes, dientes”.

MARTES 13: Jops, hoy me he hecho pareja de hecho, tenemos que celebrarlo. Total, por un cigarrillo de verdad con un Camparito no pasa nada. Almuerzo bayas rojas con avena y leche de almendras. No está tan mal este potingue… Le voy a echar hielo y parecerá un smoothie. Espera, me voy a comprar un smoothie.

MIÉRCOLES 14: Ya dejaré de fumar el lunes próximo. Iván quiere palomitas. Total… ¡Las palomitas son veganas! Echo de menos la fanta… Voy a fumar.

JUEVES 15: ¡Madre mía! ¡Cómo echo de menos el pan tumaca! Voy con Gloria a desayunar pan tumaca. Ya dejaré los hidratos del todo mañana. Por tomarlos en el desayuno no pasa nada.

VIERNES 16: Avena, avena. Pasas pasas. Necesito mirar un recetario… Calabacín con tomate y tofu. Aquí no venden tofu. Calabacín con limón. Empiezo a odiar el limón. ¿La sacarina es mala? Compro azúcar moreno. Dos cucharadas al día.

SÁBADO 17: “Hoy he soñado con un solomillo. Un fantasma me traía un solomillo. Vale, voy a fumar. Vale, necesito vino blanco. ¡Dios, esto es un asco!”

DOMINGO 18: ¡QUÉ BIEN ME HA SALIDO ESTA SEMANA! ¡HOY UN LUJITO DE NADA! ¡PALOMITAAASSS y PAQUETE DE TABACOO!

LUNES 20: “Se ciernen sobre mí nubes cargadas de avena… Veo borroso. La montaña anuncia calima. Veo pasas, parecen pequeños bichos que van a caminar en mi estómago. Tengo que salir de aquí” Me bebo un smoothie. Espero que esto sea sano. ¿Demasiada azúcar? ¿Soy vegana? ¿Estoy loca?

MARTES 21: Hoy empiezo con buen ánimo. Mezclar la avena con almendras alcalinizantes. Vitaminas para reforzar mis defensas. Naranjas y kiwi. ¡Fiestaaa! No voy a fumar hoy. Bueno, unas caladitas al electrónico.

MIÉRCOLES 22: Berenjenas. Pimientos. Avena. Pasas. Smoothie. Agua depurada. Leche de soja. ¡Necesito un maldito bistec!! Me voy a beber una Fanta zero. ¡Alimentos insanos volved a mí!

Y aquí sigo. Luchando contra viento y marea.

MI DECLARACIÓN DE COMPROMISO A IVÁN CABRERA CARTAYA

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Hoy, 13 de julio de 2015, te declaro mi compromiso (no) oficial a quererte siempre. Incluso si este compromiso un día se rompe, prometo seguir pensando en ti cuando lea a Rilke o cuando vea jugar a Messi y encontrar poesía en los flamboyanes que antes no miraba. Te prometo serme fiel a mí misma y no engañarte en esto. No prometo no amar a otros hombres ni a otras mujeres porque no puedo prometer lo que no sé que ocurrirá, pero sí que en todos ellos estarás tú de la misma forma que están en ti los hombres y las mujeres a los que he amado y a los que he perdido. Prometo intentar salir de casa cuando las paredes no sean de viento y estar a tu lado cuando sienta que necesitas a alguien con quien caminar, y cuando no pueda caminar, prometo quedarme cerca, mirándote o escuchándote un poquito solo porque quiero que estés bien, porque quiero que sobre todo, no te consuma la noche cuando no ha llegado la noche ni el día cuando no ha llegado el alba. Tendrás mis viajes, mis recuerdos y mis torpezas. Te las regalo y te prometo aceptar las tuyas y amarlas tanto como a tus ojos negros. También tus chistes malos con mis risas a destiempo. Prometo fidelidad a nuestra fantasma, a las noches de desvelo, a cometer siempre los mismos errores, a juntarnos entre desconocidos y encontrar una mirada que nos (re)afirma que (no) estamos siempre solos. Y cuando lo estemos, por favor, no te olvides de los buenos momentos. Cuando me pierda no te olvides de que soy yo y no olvides que sigo siendo la misma que te llamó y te dijo que era una cobradora de Hacienda aquel 9 de Diciembre. No busques mentiras en mí ni verdades donde no quieras encontrarlas, pero siempre tendrás una respuesta, quizás no la que quieras escuchar, pero nunca un silencio, el silencio, si lo tengo tatuado es porque lo necesito para mí, nunca para ti. Para ti siempre una palabra. Quizás toda la vida seremos tigres en la jaula de Rilke, mirando a través de la barra, recomponiendo un mundo, viendo una cara que no es la nuestra en el espejo, pero yo prometo y declaro mi compromiso a verte siempre, incluso después de las doce, cuando la noche es borrosa y viene el mundo entero a intentar que recobres el sentido. Tú verdad, mi verdad, la verdad, la buscaremos juntos. No te prometo nada para siempre, solo amarte para siempre porque te amé antes de conocerte.

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