20151001 guitar

No te conozco pero sé que estás despierto como yo. Sé que hoy miras en tu mente el dibujo inexacto de una guitarra verde que un día fueron tus ojos y te preguntas si las marejadas podrán alcanzar los hoyuelos de las mejillas de tu madre y sus labios con rouge.
Tal vez te estás tapando los oídos mientras cantas sobre los elefantes que pasean desavenidos entre los pasillos de este asidero de locos, y podrás así hacernos comprender que tu tren partió cuando los demás nos ocupábamos de fregar los platos, trabajar en hoteles y analizar la mente del vecino. Nunca la tuya, y si lo hicimos, sólo vimos una tiniebla, como en este parque de esperanzas secas donde cada uno tiene su propia matemática.
Temes llorar al teléfono, temes no llorar y pensar que sólo vale el temor de colgarte sobre un hilo en el centro de la tierra, tirar fuerte y esconderte bajo una lona de circo con un montón de vino y un montón más de desamor. Nadie te culpa, naciste así, imperfecto, hermoso e imperfecto, y las luces brillan sólo para ti. Acarícialas, no las temas, ellas protegen la imagen que formamos del mundo, donde cada uno sentimos y poseemos un veneno diferente.
Ahora mira la guitarra verde, que tome forma, que sus cuerdas estén tensas pero no demasiado y recuerda algún sonido que cruzase el universo con tus dedos. Y allí te esperarán los otros, al otro lado de los elefantes que galopan las esquinas de la habitación y de las cuchillas clavadas en estómagos más duros que el acero.
Allí estamos todos y te vemos, tras la máscara de las luces, tras el infierno, te vemos y te queremos de vuelta. Sólo lo alcanzamos -entiéndelo- pocas veces: Nosotros también hemos visto todos esos infiernos en un pasillo finito, perpetuo y desolador.
Eres tú el que puede regresar, pero aún así, iremos en tropel a buscarte, aunque tengamos que construir un caballo de madera para atravesar los muros de tu memoria y construirte un presente donde toques de nuevo nuestra canción.