caiman

Renuncio comprender al caimán de ceniza
cuyo latido me reclamas,
apoyo la cabeza en el lodazal
y las gotas de lluvia me despedazan:
Ignoro si es de piedra y carne mi futuro.

Podría comprender hoy mismo el velo
contundente que recorren tus párpados
al andar por la boscosa noche.

Tiemblas y tiemblas porque sabes
que no quedan heridas que supuren
tus memorias y tus desmemorias
eficaces.

Y ahora el caimán continua su camino,
no ha osado rozarte ni el vello de la frente,
no ha tocado tu brazo ni tu alma
solo ha desmembrado al perro que te acompaña
y al ángel que te guía
y ahora regresas a casa solo,
a alumbrar la chimenea
y a destilar tu mordedura
la que no cura la piedad
la que solo atisba a conocer el desconcierto
la culpa final que te tocaba mantener
de por vida.