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Ramipérez Rami, electricista jubilado, nació a principios de los años cincuenta del pasado siglo en un domicilio de la calle Salamanca, donde pasaría su infancia. Su educación en el colegio “Los Salesianos” marcó su posterior obra vital, plagada de referencias a esos días en frases que se harían míticas como: “Ni un puto día pusieron una comida decente los curas de los cojones” o su también conocida: “Me cago en la obsesión con que estuviéramos despiertos en misa”.

Fue catapultado a la fama internacional cuando un día al volver de la fábrica, y ante la indirecta de su mujer de que “podría poner más empeño en el trabajo”, Rami acuñó la frase: “A mi me pagan por saber y no por hacer”, para unos días después rechazar un ascenso argumentando: “Sí, ahora me voy a poner traje y corbata todos los días, por los cojones”.

En el ámbito literario, es conocida su primera obra, inédita hasta la fecha: “Vamos de putas”, en la que cuenta como un primitivo hipster santacrucero lo obligó a ir junto a sus amigos a una barra americana a los trece años, para luego dejarlos tirados en el interior del establecimiento. Ahora se encuentra en pleno proceso creativo para escribir su tercer relato, que lleva gestando desde su jubilación en 2010 mientras ve todas las películas de la historia del cine, calificando un 90% de ellas como: “Una mierda pinchada en un palo” y el restante 10% como: “Joder, la idea era buena pero la cagaron como es costumbre”.

Ramipérez Rami rechaza presentarse a concursos o jugar a los juegos de azar en los que las personas comunes depositan su ilusión de forma habitual argumentando que: “El palo que me daría hacienda no compensa” o “En este mundo los ricos son unos mamones y uno mejor se mantiene al margen”.

No tenemos clara su ideología política. Por el momento rechaza esclarecer los rumores generados al respecto, pero en las ruedas de prensa familiares afirma que: “Hay que ser gilipollas para ser obrero y votar a la derecha”.

El jubilado, poseedor de una amplia librería-discografía dedicada enteramente a Bob Dylan es consciente de que quizás su obsesión por el boom sudamericano es un tanto desproporcionada, y guarda con cariño el libro póstumo de Carlos Fuentes mientras lee y relee sus obras favoritas quejándose de la manía de los escritores de envejecer: “Estos cabrones se me van muriendo todos”, constata.

En todo caso, mientras el clamor popular le pide más encuentros públicos, él prefiere pasar sus noches en vela en la habitación del ordenador jugando al Piramid Solitaire, su juego favorito. Sobre si echa de menos el trabajo, su respuesta es una gran carcajada: “Trabajar es una mierda, eso lo sabe todo el mundo”.

Esperamos con ansia más noticias y comentarios de este ejemplar único en su especie a quien felicitamos por el día del Padre de forma afectuosa.